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Tsunami 27F: estudio revela aumento en concentración de metales tóxicos en moluscos 

Investigación del Instituto de Química y Recursos Naturales arrojó que acumulación de cobre y manganeso creció en los locos luego del terremoto y maremoto del año 2010.
A nueve años del terremoto y posterior tsunami del 27 de febrero de 2010, que afectó a la zona centro del país, sus efectos continúan apareciendo. Así lo consigna una nueva investigación del Instituto de Química de Recursos Naturales de la Universidad de Talca.
Se trata de un trabajo dirigido por el director de la entidad, Jaime Tapia, que tuvo como punto de partida la memoria de título del estudiante de Tecnología Médica Francisco Villagra, que analizaba la bioacumulación de metales tóxicos en especies marinas luego del desastre natural.
La investigación consistió en determinar el contenido de metales tóxicos en el molusco Concholepas concholepas, conocido comúnmente como “loco”, en muestras colectadas en la costa de Iloca antes y después del terremoto-tsunami.
El análisis estadístico del estudio mostró que el contenido de cobre y manganeso aumentó significativamente en las muestras de hepatopáncreas en el período posterior al tsunami. Sin embargo, ese aumento no fue transferido completamente al tejido muscular, que es la parte comestible del molusco, no constituyendo un riesgo para la salud humana al encontrarse sus concentraciones bajo los niveles permitidos por la actual legislación que indica la Organización Mundial de la Salud (OMS).
En ese sentido, Tapia explicó que “a diferencia de la mayoría de los contaminantes orgánicos, los metales pesados no pueden degradarse biológica ni químicamente en la naturaleza. La característica que hace que los metales pesados sean tan peligrosos es su tendencia a acumularse en los organismos. Por esta razón, cantidades reducidas, y en apariencias inofensivas, absorbidas durante un largo período, alcanzan niveles mayores de concentración, produciendo el fenómeno de bioacumulación en los seres vivos. Esto se agrava conforme avanza en la cadena alimenticia”.
Los hábitos alimenticios y de crecimiento del “loco” lo convierten en un buen bioindicador de la presencia de metales tóxicos que se encuentran en su entorno inmediato. Además, los terremotos y tsunamis producen grandes movimientos de sedimentos marinos, los que contienen altos niveles de metales pesados, generando significativos cambios de sus concentraciones en el sistema acuático, afectando directamente a los organismos marinos.

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