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Iglesia Santa Cruz- Yerbas Buenas- Linares Pueblo Histórico

Parroquia corazón de María- Declarada Monumento histórico en 1995.

La localidad de Yerbas Buenas se encuentra a 11 kms. al norte de Linares y es un típico pueblo rural chileno, que posee aún en sus edificaciones, pese a los constantes terremotos, una arquitectura colonial, que fue declarada Zona Típica en 1987.

El pueblo nació en el antiguo territorio de Putagán y es principalmente testigo de su pasado la casa colonial donde se ubica el Museo Histórico, con sus muros de adobe, piso del patio de ladrillo cuadrado, el cielo de sus habitaciones de coligüe amarrado con cuero y techumbre con vigas de roble y tejas de arcilla; que fue nombrado Monumento Histórico Nacional en 1984.

LA DOCTRINA DE PUTAGAN, LONCOMILLA Y PURAPEL O ISLA DEL MAULE

En 1549 Pedro de Valdivia entrega las tierras de Putagán al conquistador Bartolomé Blumenthal (denominado luego “Flores”), en donde se dedica a la crianza de vacunos, caballos y ovejas e instala el primer molino; tal cual lo hiciera en sus tierras de Talagante.

El territorio más al norte, el de Loncomilla, se había cedido al conquistador Juan de Cuevas.
Agueda Flores, hija de Blumenthal y abuela de la conocida Quintrala, heredó las tierras en las que se formó la Doctrina y Parroquia de Putagán, Loncomilla y Purapel en 1585; a cargo del padre dominico fray Alejandro de Beteta, y dependiendo del Obispado de La Imperial, ya que ésta estaba situada al sur del río Maule, que era la línea divisoria con el Obispado de Santiago. Este límite parece no haber sido del todo respetado, puesto que el Obispo de Santiago, fray Diego de Medellín, informaba al Rey ese año de la creación de las doctrinas de “Cauquenes, Chanco y Loanco» y de “Putagán, Loncomilla y Purapel”.

El 23 de diciembre de 1598 muere el Gobernador de Chile, Martín García Oñez de Loyola, mientras se dirigía de La Imperial a Angol, durante el ataque araucano en el conocido Desastre de Curalaba, cerca del actual pueblo de Lumaco. Así comienza un alzamiento indígena contra diversas aldeas, incluyendo la ciudad de Concepción y toda la zona del Maule. La flecha de guerra, símbolo que circulaba entre las tribus para llamar a la rebelión, envalentonó a los indios loncomillas y putaganes, que al mando del cacique Ancar y en varios ataques, arrasaron con todo, sin respetar casas de indios encomenderos ni de párrocos ni iglesias. Durante los asaltos de 1599, en Valdivia cae muerto el padre mercedario Luis de la Peña; y en el Fuerte de Duao, son asesinados los padres dominicos Juan Muñoz y Cristóbal de Buisa; serían los tres primeros mártires del catolicismo en Chile.

La paz volvió a algunas zonas, pero los enfrentamientos continuaron en Arauco hasta por 1612. Sin embargo, en 1655, otro alzamiento indígena iniciado en Tomeco por el cacique Lehuepillán, arrasó aldeas y capillas, y los habitantes de Chillán, muchos de ellos con viruela, huyeron al norte hasta refugiarse en el Fuerte de Putagán, para luego iniciar el cruce del río Maule. Heroíco miembro de este grupo fue el conocido sacerdote italiano y jesuita Nicolás Mascardi, quien hasta hacía de centinela nocturno. El padre Mascardi fue explorador y colonizador de Chiloé, la Patagonia y Magallanes; y en 1674 fue martirizado por indios rebeldes en la zona de Santa Cruz en Argentina.

En 1656 el gobernador Pedro Porter Casanate logró pacificar la región del Maule, pero la sublevación continuó en el sur hasta 1664. Fue cuando el Obispo de Santiago, Diego de Humanzoro, aprovechó de visitar las parroquias de Putagán y Cauquenes, que permitió luego en 1680 formar el Curato de Putagán o de La Isla, siendo nombrado administrador el padre Antonio de Vergara, que gobernó desde 1682 hasta cerca del 1742. Ante la falta de sacerdotes y a petición de éste padre, en 1685 llegan los franciscanos y fundan su convento en la Hacienda San Antonio de Unihue de la Huerta del Maule.
En 1753 el Consejo de Indias de España define los límites de las diócesis de Santiago y Concepción, dejando como divisoria el Río Maule y pasando la Parroquia a este última administración.

LA PARROQUIA DE YERBAS BUENAS Y LA PRIMERA IGLESIA

En “Historia de la Diócesis de Linares” del padre Silvio Jara Ramírez, se indica que desde 1675 la región se conocía como Parroquia Isla del Maule o Bella Isla y que por el 1711 el sacerdote doctrinero era Antonio de Vergara y del Águila, con una iglesia construida en honor a Nuestra Señora del Rosario.

Por otra parte, el padre Gabriel Guarda en «La ciudad chilena del siglo XVIII», relata que en 1768 se funda la Villa de Yerbas Buenas, cuando aquí habían dos capillas, una en la aldea y otra en la falda del cerro Alto de Quilipín, en tierras del Fundo Las Rosas de la familia Concha Cortínez, según indica el historiador Reinaldo Muñoz Olave en su libro “Yerbas Buenas”.

En 1774, relata Reinaldo Muñoz Olave, fue por pocos meses párroco de Putagán el padre Juan Francisco de Roa i Arias, para poder arreglar los archivos parroquiales y llevarlos a la Hacienda Yerbas Buenas de Abránquil. Así, desde 1775 las actas parroquiales llevan el sello de “en la capilla parroquial de Abránquil” y de “en la Santa Cruz de Abránquil”, fecha en la que se daría por fundada la Parroquia de Yerbas Buenas, siendo primer párroco el padre fray José Salinas hasta 1776.

Esta Parroquia comprendía un territorio entre los ríos Maule al norte, Longaví al poniente, Loncomilla y Purapel al sur, y la Cordillera de los Andes al oriente.

El 16 de enero de 1783 cuando era párroco el padre Artigas, se inicia la construcción de la iglesia de Yerbas Buenas frente a la Plaza de Armas. Es el padre quien dirige la obra y la levanta el constructor Francisco Gómez. El nuevo templo se concluyó el 20 de junio de 1785 “y su costo total subió a 1.459 pesos”. (1)
En 1796 el párroco Pablo de la Barra se traslada a la recién fundada Villa de Linares, para su trabajo apostólico en la nueva Parroquia San Ambrosio. De ahí que la función eclesial de Yerbas Buenas decae y las actas comienzan a sellarse con “en la iglesia parroquial de San Ambrosio de Linares (
1)”.

PERIODO 1810 – 1825

El 26 de abril de 1813 se desarrolla la Batalla o Sorpresa de Yerbas Buenas entre fuerzas españolas y patriotas. Mientras las tropas del general español Antonio Pareja se hospedaban en el poblado, durante la noche fueron atacados por los soldados chilenos, produciéndose el primer encuentro por la Independencia de Chile. Testimonio de éste hecho son las acuarelas de José Aldunate Menéndez que están en el Museo Histórico de Yerbas Buenas.

En 1826 se crea la Provincia del Maule, quedando Yerbas Buenas en el Departamento de Linares y en 1873 pasa a la administración de la Provincia de Linares.

En 1834 asume como párroco el padre Manuel Maturana, quien sufre del terremoto del 20 de febrero de 1835, conocido como “el temblor grande i de la ruina (*1)”. Quedaron destruidas algunas paredes de la iglesia, de la casa parroquial y de varias viviendas del poblado.

LA SEGUNDA IGLESIA

Meses después de la catástrofe se hace cargo de la Parroquia el padre José Timoteo Toledo, que se dedicó a reconstruir la iglesia, a dar empuje a las obras parroquiales y lograr el progreso del pueblo.

La nueva iglesia se edificó de 40 varas por 20 y de tres naves, con un Altar Mayor, púlpito, coro y cuatro altares laterales decorados. El padre también construyó el nuevo cementerio y según los relatos de sus antiguos habitantes, “las casas del pueblo se aumentaron considerablemente por el esfuerzo del párroco”. (*1)

El 8 de diciembre de 1851 en el sector de Chocoa y Barros Negros al norte de Yerbas Buenas, se desarrolló la Batalla de Loncomilla, donde las tropas del general Manuel Bulnes defendiendo el poder constitucional del presidente Manuel Montt, derrotan a las fuerzas de la revolución. Antes del combate y sabiendo de la llegada de Bulnes, el padre Toledo salió montado a caballo junto a campesinos a colaborar con las tropas y en plena batalla alentaba a los soldados y atendía a los heridos.

El 29 de agosto de 1861 se crea la Parroquia de San Javier de Loncomilla, quedando la de Yerbas Buenas con su territorio reducido, ocurriendo lo mismo luego de nombradas la de Panimávida en 1905 y de Colbún en 1930.
En 1880 asume el párroco Adolfo Rubio, quien inicia la construcción de una nueva iglesia. El paso del tiempo, temporales y temblores, tenían al templo de 1836 en malas condiciones, lo que el padre en 1883 se lo hizo notar al Obispo de Concepción.

LA IMPONENTE TERCERA IGLESIA DEL PADRE MERINO Y SUS OBRAS EN EL PUEBLO

Posteriormente, asume la Parroquia el padre Heráclito Merino, quien fue el primer sacerdote chileno educado en Roma. Embebido del arte cristiano antiguo de Europa, expuso al pueblo de Yerbas Buenas los deseos de edificar una majestuosa iglesia, en base a los planos del ingeniero José Benito Mannheim. El 1 de enero de 1885 bendijo la primera piedra y concluiría su edificación 11 años después. Hacendados, campesinos y vecinos habían entregado dinero, materiales de construcción, leña, carretas, etc. El vecino Manuel Antonio Morales cedió el terreno para fabricar los ladrillos, con un horno que dirigió el propio párroco; y el campesino Victorino Castillo, con una imagen de la Virgen del Rosario, recorrió todas las tierras de la Parroquia en busca de limosna.

Sobre el nuevo templo el historiador Reinaldo Muñoz Olave relata: “Hai dos esbeltas torres de cuarenta y cuatro metros de altura, la longitud del edificio es de cuarenta metros, el ancho de diez y siete metros i medio, el alto del cielo raso, en la nave central, de 13 ½ metros… Es de estilo gótico, casi puro…”

En 1893 visita la Parroquia el Obispo de la Diócesis, monseñor Plácido Labarca, e insta a finalizar la obra. Con otras limosnas, el párroco decoró a la iglesia con hermosas imágenes, como de la Virgen del Carmen y de la Purísima, con un Calvario, un pesebre, crucifijos y las campanas. Tras una visita a Roma, enviado por los obispos chilenos, trajo para la iglesia una colección de reliquias de santos en pequeñas urnas de madera y cristal (*1).

El padre Merino también reformó y embelleció el cementerio y construyó su capilla, construyó un molino para producir electricidad e iluminar la iglesia y dar energía, en un proyecto, para transformar los tranvías de sangre entre Yerbas Buenas y Linares, en un pequeño ferrocarril, idea que no aceptaron las familias pudientes de la Parroquia por considerarla un sueño. Fomentó además las asociaciones religiosas, estableciendo entre otras, la del Sagrado Corazón de Jesús y de la Devoción a San José. (*1)

Tras 18 años de párroco, en 1900, el padre Merino dejó Yerbas Buenas y se retiró a Santiago, debido a algunos males de salud, falleciendo aún a corta edad en 1904.

PERIODO 1891 – 1925

En 1891 se crea la Comuna de Yerbas Buenas y con la vacante parroquial el año 1900, asume el padre Manuel Villar, que fundó la Sociedad de Obreros de San José.

En 1905 asume como párroco Belisario Carrasco, quien construyó los cementerios de Putagán, Quinamávida y en la alta cordillera en Currillinque.

Este párroco debió restaurar la iglesia luego del terremoto de 1906, principalmente el frontis y reforzar las paredes, donde “se gastaron en estos trabajos trece mil pesos (*1)”. En 1907 recibió la visita del obispo Luis Enrique Izquierdo y gracias al testamento de Pedro Nolasco Bobadilla, se efectuaron trabajos en el Altar Mayor a cargo de los padres salesianos de Talca.

En 1909 el desarrollo del pueblo continuaba, cuando el vecino Juan de D. Lillo donó un terreno y dinero para construir el hospital.
El 1 de marzo de 1916 se crea la Gobernación Eclesiástica de Chillán dentro de la Diócesis de Concepción, para administrar las provincias de Maule, Linares y Ñuble. Su centro apostólico fue la Catedral San Bartolomé de Chillán y el primer gobernador el obispo Reinaldo Muñoz Olave, nacido en Yerbas Buenas.

El 18 de octubre de 1925 se instituye la Diócesis de Linares, con el obispo Miguel León Prado, pasando Yerbas Buenas a depender de ésta.

EL INCENDIO DE LA IGLESIA

Es el trágico destino de las iglesias chilenas, cuando no son los terremotos, son los incendios que destruyen tan antiguas y bellas construcciones.

La iglesia de Yerbas Buenas, aquella tan fastuosamente edificada por el padre Merino, no fue destruida por el terremoto de Talca de 1928 ni por el de Chillán de 1939, sino terminó años antes con el fuego del incendio de la noche del 23 de noviembre de 1925. Al llegar los bomberos de Linares sólo hallaron los muros del templo ennegrecidos y agrietados por efecto del fuego, y los campanarios, aunque aún en pie, dañados y debilitados.
El padre Antonio Mutsaers, Misionero de la Sagrada Familia, relata (*2): “Una noche del Mes de María, un acólito dejó una vela encendida en la torre. Esta fue la causa de la destrucción de la nueva iglesia. Desde entonces se hacían los servicios en unos locales. Monseñor Reinaldo Muñoz había donado su casa natal a la iglesia, y el párroco de entonces, Carlos Castro, convirtió tres piezas en capilla para los servicios religiosos. En octubre de 1938 llegaron los primeros padres de la Sagrada Familia a Yerbas Buenas. La Parroquia había estado los últimos meses sin sacerdote…”

La iglesia había quedado seriamente dañada y parece que sin siquiera haberse hecho nada por reconstruirla durante más de diez años, ya que cuando llegaron los sacerdotes holandeses de la Sagrada Familia, habían hallado un templo completamente abandonado.

LA LLEGADA DE LOS MISIONEROS DE LA SAGRADA FAMILIA A YERBAS BUENAS Y LA CUARTA IGLESIA

La Congregación de la Sagrada Familia llegó a Chile en 1938 y fueron destinados a Santiago, Talca, Colbún, Yerbas Buenas y Calbuco.

Sobre la llegada de los sacerdotes holandeses, el padre Antonio Mutsaers, dice que el Obispo de Linares, monseñor Juan Subercaseaux, había viajado a Holanda en busca de éstos para su Diócesis. “Asumió como párroco de Yerbas Buenas el padre Cristian Verheugd y su vicario cooperador era el padre Juan Van Bergenhenegouwen, mientras el hermano Canisio para el trabajo en casa.

Al fin de la segunda semana de octubre llegaron a Yerbas Buenas. Allí encontraron una antigua cochina capilla, una antigua casa, nada confortable, sin camas para dormir, sin taza para tomar un poco de agua. A pesar de haber enviado varios telegramas al Obispo, no había nadie en Linares para recibir a los padres. El Superior de los Padres Salesianos que atendía una parroquia en Linares, les tuvo compasión y los recibió en su Convento”.
Sin saber el idioma y casi sin medios, fue una proeza llegar a Yerbas Buenas, donde sólo doña Leonor Ferrada les entregó todo lo necesario para poder instalarse.

En enero de 1939 llega a Yerbas Buenas el padre Gerardo Schoot, quien poco después, junto al hermano Cornelio, se trasladan a Colbún, donde en 1940 asume como párroco.
En noviembre de 1939 el padre Juan Van Bergenhenegouwen viajó a Calbuco para comenzar con una nueva Parroquia y en 1944 llegó el padre Willibrordus como párroco a Yerbas Buenas, quien comenzó a construir una nueva iglesia.

El nuevo párroco había viajado a Santiago para hablar con el Arzobispo y solicitarle algunos datos de dónde podía obtener el dinero para la obra. Ya conseguidos, fue el mismo padre quien trabajó en la edificación de la iglesia como arquitecto, constructor, albañil y supervisor.

El 11 de febrero 1945 el Obispo de Linares, monseñor Roberto Moreira Martínez, bendijo la nueva iglesia; y el padre Willibrordus tuvo que atender sólo por un tiempo la parroquia, las capillas y las escuelas; hasta recibir a un padre vicario que lo acompañara.

Los terremotos ocurridos en el siglo XX no fueron de consideración para Yerbas Buenas, siendo sólo el del 2010, el que dejó severos daños en varias construcciones del pueblo, incluyendo a la iglesia. Reconstruidos en su mayoría los de valor patrimonial, volvieron a darle a la localidad la belleza arquitectónica que siempre ha estado.

Un comentario

  1. rene a. recabarren castillo rene a. recabarren castillo 14 junio, 2020

    LA CRONICA SOBRE YERBAS BUENAS Y SU IGLESIA, LA ENCUENTRO EXTRAORDINARIA, DIGNA DE SER PUBLICADA EN LINARES, TALCA O STGO. DEBE SER CONOCIDA POR TODOS. FELICITACIONES A SU AUTOR(S)….

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