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Apoderada del Instituto Regional del Maule acusa discriminación a su hijo autista

Desde el establecimiento le han indicado en diversas oportunidades que no cuentan con el equipo de profesionales para trabajar con la condición del pupilo y que no habrá trato especial. «Me comunicaron que el colegio no era para niños con problemas porque no tenían programa PIE, que por su condición tenía que derivarlo a una escuela especial o de lenguaje», indica la madre del niño.

Una compleja situación está viviendo una apoderada del Instituto Regional del Maule de San Javier, quien acusa discriminación a su hijo debido a la condición de autismo que padece. Rallen Sepúlveda, madre de Felipe, imputa diversos hechos a la profesora a cargo del Kinder, curso en el cual está actualmente su pupilo, quien ingresó al establecimiento en marzo de 2020.

Los hechos denunciados comenzaron durante la primera y única semana presencial que tuvo el curso de Felipe, debido al cambio de formado por la pandemia. «Me mandaron a buscar todos los días y me indicaban que lloraba. La tía me decía que podía descompensar a los otros alumnos o que en algún momento podía tener un episodio violento, para lo que ella no estaba capacitada, por lo que no podía trabajar con niños así», comenta Rallen, quien afirma que el autismo de su hijo es leve, y que está validado con documentación, la cual fue entregada al IRM.

Después de estos episodios ocurridos durante la primera semana, la apoderada se reunió con el director del establecimiento y la docente, quienes le manifestaron que el recinto educativo no era para niños con autismo. «Me comunicaron que el colegio no era para niños con problemas porque no tenían el Programa de Integración Escolar, entonces por que por su condición tenía que derivarlo a una escuela especial, de lenguaje o a algún colegio con programa PIE», indica la apoderada.

Durante la modalidad online de las clases continuaron llamados y mensajes, donde se le reiteraba que el establecimiento no contaba con las capacidades para apoyarlo pedagógicamente. «Me decían que tenía que entender que lo mejor es que el niño se fuera del colegio, ya que no había nada que ofrecerle y que no podían trabajar por él por su condición. Escucho esto y pienso que no hay una voluntad de hacer las cosas, porque cuando un alumno no posee un retraso neurológico, el establecimiento puede apoyarlo con terapia psicológica, por ejemplo. O bien, la profesora puede buscar estrategias pedagógicas, pero no».

Desde el Instituto Regional del Maule de San Javier le han indicado en reiteradas oportunidades a Rallen que de seguir en el establecimiento debe estar consciente de que no habrá trato especial para su hijo debido a su autismo. «He conocido casos similares a la condición de Felipe y otros que han tenido complicaciones con la profesora», añade la apoderada.

Lucha legal

En búsqueda de justicia, Rallen Sepúlveda ha presentado denuncias a la Superintendencia de Educación del Maule acusando discriminación por incapacidad física y/o intelectual, buscando que se respete lo ofertado por el recinto educativo en su página web, donde indican tener un equipo de profesionales multidisciplinario. «Hubo una mediación, la cual no quedó en nada, porque desde el equipo directivo no demostraron voluntad de conciliar. Ahora estoy en una segunda denuncia que busca fiscalizar».

Lamentablemente, la presentación de esta denuncia ha imposibilitado que Felipe tenga acceso a las clases presenciales durante los últimos cuatro meses. «Solo se recibe por correo electrónico la pauta de la clase, pero no se puede acceder a la grabación de la clase, debido a que hay un proceso en curso, lo cual no corresponde, porque ningún niño puede quedar meses sin educación».

Para Rallen Sepúlveda, luchar por culminar este proceso tiene dos objetivos, «Mi meta y mi norte es que, primero, mi hijo no tenga que salir del Instituto por ser distinto, porque él no tiene un retraso en su enfermedad, no es agresivo ni es dependiente de medicamentos, es simplemente un niño con una condición diferente que necesita que lo incluyan, no que lo excluyan». Asimismo, la apoderada indica que con este accionar buscan sentar un precedente que le sirva a las generaciones del futuro. «Esta es un práctica que por más de 20 años se han realizado en el establecimiento. Y esto puede marcar una cambio positivo y un giro del curso de la historia del colegio, siendo muchos niños beneficiados», sentencia Sepúlveda.

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