A 27 días del inicio de la emergencia en la precordillera de Linares, la Corporación Nacional Forestal (CONAF) confirmó que el incendio forestal Cajón de Pejerrey alcanza preliminarmente 1.050 hectáreas afectadas. Esta nota reconstruye la cronología del despliegue técnico y operativo desarrollado durante casi un mes de combate, marcado por la complejidad del terreno y una estrategia sostenida principalmente mediante recursos aéreos.
El humo fue visible la tarde del 31 de enero.
Las primeras alertas de vecinos activaron reportes al Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (SENAPRED). Minutos después, los sistemas de televigilancia confirmaron un foco en la precordillera de Linares.
Así se inició el incendio forestal Cajón de Pejerrey.
Acceso aéreo y primeras evaluaciones
El 1 de febrero, equipos de la Corporación Nacional Forestal (CONAF) lograron ingresar vía aérea. El balance preliminar estimó 0,7 hectáreas afectadas.
Sin embargo, la topografía marcó desde el inicio la estrategia: pendientes abruptas, quebradas profundas y ausencia de accesos seguros impidieron el despliegue terrestre. El combate quedó condicionado al uso de aeronaves.
Entre el 2 y el 4 de febrero no se detectaron puntos de calor. El incendio permaneció en observación. La situación parecía estable. No lo estuvo por mucho tiempo.
Reactivación y expansión del fuego
El 5 de febrero se registró una nueva columna de humo. Al día siguiente comenzaron descargas sistemáticas con helicópteros. La superficie aumentó a 15 hectáreas.
El crecimiento fue sostenido:
- 9 de febrero: 35 hectáreas.
- 10 de febrero: 55 hectáreas.
- 11 de febrero: 85 hectáreas.
Los recursos se concentraron en los sectores más activos, con helicópteros semipesados tipo Super Puma y aeronaves livianas, abastecidas desde pozones y piscinas habilitadas en terreno.
La coordinación técnica se mantuvo permanente en la zona.
Operativo reforzado en alta montaña
El 13 de febrero el incendio alcanzó 180 hectáreas.
Se instaló el Puesto de Comando Puma 7 y se incorporaron brigadas Maqui y aviones cisterna, que ejecutaron líneas químicas con retardante en la parte alta del perímetro. El objetivo era frenar el avance por pendiente.
Para el 18 de febrero, la superficie afectada llegó a 580 hectáreas. Según reportes técnicos, el fuego no logró sobrepasar las líneas químicas construidas en los sectores críticos.
Contención, escapes y consolidación
El 19 de febrero la cifra subió a 650 hectáreas.
Helicópteros realizaron helitransporte de brigadas hacia puntos estratégicos para cerrar más de un kilómetro de líneas pendientes entre los sectores 3, 4 y 5.
En los días siguientes el trabajo se enfocó en ensanchar cortafuegos, reforzar zanjas y enfriar puntos calientes al interior del perímetro. El 23 de febrero varios sectores se encontraban contenidos. Otros seguían activos, aunque sin avance significativo.
La emergencia mostraba señales de estabilización.
Nueva medición y aumento de superficie
El 24 de febrero un sobrevuelo técnico actualizó la superficie afectada a 853 hectáreas.
El incremento respondió a una nueva delimitación en zonas altas cordilleranas con roqueríos, áreas donde no es posible el combate directo por razones de seguridad.
El 25 y 26 de febrero los esfuerzos operativos se concentraron en un escape en el sector 4. Se desplegaron cinco brigadas y tres helicópteros para reforzar líneas y contener el avance.
En paralelo, se reforzaron las medidas de seguridad ante riesgos de rodados, pendientes inestables y árboles muertos en pie.
1.050 hectáreas y preocupación por la biodiversidad
A las 12:58 horas del 26 de febrero, el Comandante de Incidentes confirmó una superficie preliminar de 1.050 hectáreas afectadas. El incendio continúa en combate y no ha sido declarado controlado.
Más allá del despliegue operativo, la magnitud del daño genera preocupación por el impacto en la biodiversidad de la zona cordillerana. El área afectada alberga vegetación nativa y fauna adaptada a ecosistemas de alta montaña, particularmente sensibles a incendios de gran extensión.
Mientras las brigadas siguen consolidando líneas para evitar reactivaciones, comienza a instalarse otra interrogante: el alcance real del daño ambiental y el tiempo que tomará la recuperación de un territorio marcado por el fuego.


