El monolito fue instalado en 1991 en un terreno fiscal ubicado junto a la Escuela de Artillería. Aunque fue retirado durante 2023, cada septiembre reaparece sobre un remolque para encabezar las actividades organizadas por adherentes al régimen militar.
Una piedra de aproximadamente dos metros de altura y 3.400 kilos se ha convertido, durante más de tres décadas, en uno de los símbolos más controvertidos de Linares.
El monolito dedicado a Augusto Pinochet volvió a ser trasladado este 11 de septiembre hasta el frontis del Teatro Municipal, donde adherentes al régimen militar realizaron una ceremonia que comenzó con una bendición religiosa.
A pocos metros, estudiantes y manifestantes expresaron su rechazo mediante pancartas, reflejando nuevamente las profundas diferencias que provoca esta fecha en la comunidad linarense.
Un monumento instalado en 1991
La denominada “Plaza Augusto Pinochet” estaba ubicada en la esquina de avenida Presidente Ibáñez con calle Chacabuco, en un área verde colindante con la Escuela de Artillería de Linares.
Registros periodísticos de la época señalan que el monolito fue inaugurado el 19 de septiembre de 1991, durante la administración comunal de Juan Jorge Talma García.
La iniciativa fue impulsada por integrantes de la denominada Juventud Independiente de Linares y del Movimiento Independiente Pro Obra del General Augusto Pinochet. La estructura buscaba homenajear al entonces excomandante en jefe y a integrantes de las Fuerzas Armadas fallecidos durante y después del golpe de Estado.
Aunque durante años el lugar fue conocido públicamente como la Plaza Augusto Pinochet, distintas autoridades y organizaciones cuestionaron la legalidad de su denominación y la instalación del monolito.
En 2017, veinte organizaciones sociales y de derechos humanos del Maule respaldaron una solicitud para eliminar el nombre del espacio. En ese momento, el alcalde Mario Meza sostuvo que la denominación había sido aprobada en 1991, mientras dirigentes locales afirmaron que la plazoleta profundizaba las divisiones existentes en la comuna.
Retiro durante la madrugada
La noche del 1 de agosto de 2023, particulares llegaron con maquinaria pesada y retiraron la piedra desde el terreno fiscal. Quienes participaron en las maniobras señalaron entonces que sería trasladada hasta una propiedad privada.
El retiro se produjo después de conocerse antecedentes de Contraloría relacionados con la situación jurídica del terreno y la inexistencia de documentación que respaldara formalmente el nombre de la plazoleta y la instalación del monumento.
Respuestas posteriores entregadas por Transparencia tampoco permitieron aclarar completamente las responsabilidades. Bienes Nacionales señaló que el terreno se encontraba dentro de los deslindes asociados a la Escuela de Artillería, mientras el Ejército sostuvo que la plazoleta era un bien nacional de uso público y que la institución no intervino en el retiro ni conocía el destino de la piedra.
Sin embargo, el monolito reapareció pocas semanas después. El 10 de septiembre de 2023 fue transportado sobre una camabaja hasta las inmediaciones del Teatro Municipal, acompañado por cerca de 50 adherentes a Pinochet. Desde entonces, el traslado de la piedra por las calles céntricas se ha repetido en las actividades del 11 de septiembre.
La disputa por el Teatro Municipal
La controversia ya no se concentra solamente en el monolito, sino también en la utilización del Teatro Municipal para actos que reivindican el golpe de Estado y la dictadura.
Este año se presentaron acciones judiciales que buscaban impedir la actividad denominada “53 años del pronunciamiento cívico-militar”. Los recurrentes argumentaron que facilitar un recinto municipal para este tipo de ceremonias podía afectar la integridad psíquica y la honra de víctimas de violaciones a los derechos humanos y sus familiares.
Los antecedentes incorporados a uno de los recursos señalan que el teatro fue arrendado por $200 mil, entre las 18:30 y las 20:30 horas, incluyendo dependencias y personal para su funcionamiento. La actividad, finalmente, se realizó.
Durante la misma jornada, familiares de detenidos desaparecidos, sobrevivientes de prisión política y organizaciones sociales realizaron actos de memoria en la Capilla del Buen Pastor y en el memorial ubicado en la Plaza de Armas de Linares.
La piedra ya no permanece instalada en un terreno público, pero cada 11 de septiembre vuelve a ocupar simbólicamente las calles y uno de los principales espacios culturales de la comuna.
En Linares, la discusión no pasa por negar la existencia de distintas opiniones políticas. El cuestionamiento surge cuando bienes e infraestructura pertenecientes a toda la comunidad son utilizados para exaltar una dictadura responsable de graves y sistemáticas violaciones a los derechos humanos.
A 53 años del golpe de Estado, la convivencia democrática exige preservar la memoria, reconocer el dolor de las víctimas y garantizar que los espacios públicos sean lugares de encuentro, cultura y respeto, y no escenarios que vuelvan a profundizar heridas que todavía permanecen abiertas.


