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lunes, junio 29, 2026
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El Linares que queremos: los mimbres ya están, falta tejerlos

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«Una ciudad no se construye con cemento y promesas: se teje con cercanía, participación y el cuidado de lo que nos une». Esta convicción nos lleva a preguntarnos qué Linares estamos construyendo y, sobre todo, qué Linares estamos dejando de construir mientras nos distraemos en disputas estériles.
Linares no necesita más promesas vacías. Necesita una ciudad hecha a la medida de las personas: donde un niño cruce sin miedo la calle, un adulto mayor encuentre una banca bajo la sombra, y cada barrio tenga su plaza como espacio de encuentro. No es una utopía; es una necesidad que sentimos cada vez que caminamos por calles sin sombra o llevamos a nuestros hijos a parques en mal estado. La comuna tiene una dimensión privilegiada para crecer desde la cercanía y el barrio, pero para eso se requiere una visión humana del desarrollo urbano que ponga a las personas —sus afectos, salud y derecho al encuentro— por sobre los grandes proyectos o los intereses privados.

El espejismo de IANSA: cuando la ciudad se olvida de sus habitantes

Llevamos años esperando que se defina el futuro de los terrenos IANSA: 30 hectáreas abandonadas en el corazón de Linares, mientras seguimos sin un parque urbano digno. Lo más grave no es el abandono físico, sino lo que revela: hemos permitido que una discusión política secuestre nuestra capacidad de soñar. El problema de fondo no es si IANSA debe ser parque, viviendas o proyecto mixto; el problema es que no existe una visión de ciudad que nos incluya ni nos escuche, y los linarenses hemos quedado fuera de la conversación.

Una oportunidad viva: el sector Pablo Neruda y el estero Batuco

Frente a ese estancamiento, desde la Villa Pablo Neruda levantamos una propuesta concreta y comunitaria: convertir el sector colindante con el estero Batuco en un pulmón verde. Solo necesitamos trabajar con lo que ya existe: el agua del estero, la vegetación ribereña y la topografía natural. Imaginemos una pista de trote junto al agua, áreas de picnic, miradores y un paseo peatonal que conecte el barrio con la naturaleza. No es un proyecto faraónico, sino de escala humana, pensado desde y para el barrio, que nace de quienes vivimos a diario junto al estero y conocemos su potencial. Una ciudad humana no se impone desde los escritorios; se construye escuchando a sus habitantes.

El balneario popular del Huapi: potenciar lo que ya tenemos

El «Balneario Popular» del sector Huapi es un ejemplo de lo que logramos cuando la comunidad se organiza: cientos de familias llegan cada verano a bañarse en el río Ancoa. Sin embargo, sufre por la estacionalidad y el abandono en los meses fríos, lo que deriva en deterioro, arrojo de escombros y apropiación indebida. La propuesta es dotarlo de recursos permanentes y personal de mantención durante todo el año, con un programa de cuidado que frene el deterioro y lo convierta en un destino atractivo en cualquier temporada. Una ciudad humana cuida sus espacios los doce meses del año.

La deuda de Linares con sus habitantes: cifras y realidades

Los datos duelen porque son ciertos: la OMS recomienda 9 m² de áreas verdes por habitante y el CNDU fija 10 m²; Linares registra apenas 4,65 m², menos de la mitad. Contamos con 87 plazas y 601.657 m² para más de 90 mil habitantes, pero esas cifras no reflejan la experiencia cotidiana: la ausencia de sombra, la falta de espacios seguros para los niños, la imposibilidad de encontrar un pulmón cerca de casa. Esa carencia afecta nuestra salud, cohesión social y calidad de vida.

La red actual: espacios que piden ser cuidados

Una ciudad humana no se construye solo con nuevos proyectos, sino con el cuidado de lo que ya existe. La Plaza de Armas, corazón de la ciudad, merece una puesta en valor. El Anfiteatro de la Alameda Valentín Letelier, que fue escenario de encuentros culturales, hoy sufre deterioro y acumulación de escombros, con camarines destruidos. En cada población hay plazas que debieran ser el corazón de la vida comunitaria, pero muchas tienen juegos rotos, falta de iluminación y mobiliario deteriorado. No podemos esperar grandes proyectos mientras nuestros barrios se empobrecen en su espacio público.

Una propuesta concreta: Oficinas Comunales para el cuidado de áreas verdes

Necesitamos soluciones estructurales: crear Oficinas Comunales de Áreas Verdes y Espacios Públicos, dependientes de la municipalidad, con personal capacitado y recursos permanentes para el mantenimiento sistemático de plazas, parques, anfiteatros y espacios comunitarios. Hoy el mantenimiento se maneja con licitaciones o intervenciones aisladas que no sostienen el cuidado en el tiempo. Necesitamos pasar de la lógica del contrato eventual a la gestión comunitaria y permanente, que no solo se encargue de poda y aseo, sino que promueva la participación vecinal, escuche a las juntas de vecinos y planifique el mejoramiento continuo. Cuidar lo que tenemos es tan importante como construir lo que falta.

Sitios eriazos que esperan ser abrazados por la comunidad

Linares está lleno de terrenos abandonados que podrían ser mucho más que tierra y maleza: Av. Chorrillos, la cancha Bari y los terrenos colindantes al nuevo CESFAM son focos de incendios y peligro constante, pero podrían convertirse en pequeñas plazas. El ex molino El Almendro, una joya patrimonial en desuso, podría ser un hito cultural y recreativo. Los terrenos baldíos de avenida León Bustos, con grandes superficies en plena área urbana, esperan un destino que no tiene que ser solo vivienda o comercio; algunos deben ser pulmones para la ciudad. Cada uno de estos espacios es una oportunidad para ampliar áreas verdes sin grandes inversiones, solo con voluntad política y participación vecinal.

Conclusión: los mimbres ya están, falta tejerlos

El Linares que queremos ya tiene los mimbres: el estero Batuco, el balneario del Huapi, el Anfiteatro de la Alameda, los parques de los barrios y los sitios eriazos que esperan su oportunidad. Todo está ahí, esperando que lo tomemos con nuestras manos. Solo falta la voluntad para tejerlos: la voluntad de las autoridades de escuchar a la comunidad, la de los vecinos de organizarse y participar, y la de todos nosotros de anteponer el bien común. Esa voluntad no puede esperar ni un día más. Porque una ciudad humana no se construye con cemento y promesas: se construye con amor, escucha y compromiso. Y el amor por Linares ya lo tenemos. Solo falta ponerlo en acción.

Raulao

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