José Antonio Kast no solo incumplió sus promesas de campaña. Está gobernando en la dirección opuesta.
Llegó al poder prometiendo seguridad, orden y control migratorio. Prometió resultados “desde el día uno”. Sin embargo, la inseguridad sigue siendo una preocupación cotidiana para millones de chilenos. Esa promesa simplemente no se cumplió.
Donde sí actuó rápido fue en economía. Y ahí quedó claro para quién gobierna.
El alza sostenida de los combustibles no responde únicamente al contexto internacional. También es consecuencia de decisiones políticas que redujeron la capacidad del Estado para amortiguar las variaciones de precios. El resultado lo sienten todos los días las familias: sube la bencina, sube el transporte, suben los alimentos y aumenta el costo de la vida.
Y este impacto no afecta a todos por igual. Los hogares de menores ingresos destinan una mayor parte de su presupuesto a transporte y energía. Por eso, cada alza golpea con más fuerza a quienes menos tienen.
En regiones como el Maule, esto se traduce en agricultores enfrentando mayores costos de producción, transportistas obligados a reajustar tarifas y familias recortando gastos básicos para llegar a fin de mes.
Pero la contradicción más evidente está en las prioridades del gobierno.
Mientras impulsa una reforma que reduce impuestos y disminuye la recaudación futura del Estado, también ejecuta recortes en áreas esenciales. Y donde más se ha sentido esa decisión es en salud.
El Ministerio de Salud sufrió uno de los mayores ajustes presupuestarios del gobierno. Diversos alcaldes, gremios y especialistas han advertido que estos recortes pueden afectar hospitales, atención primaria y listas de espera que ya golpean a miles de familias.
La pregunta es simple: si se recauda menos y además se recortan recursos para servicios esenciales, ¿quién termina pagando el costo?
Porque quienes pueden pagar una clínica privada probablemente no sentirán el impacto. Pero quienes dependen de Fonasa, de un CESFAM o de un hospital público sí lo harán.
Las decisiones revelan prioridades. Cuando hay que apretarse el cinturón, lo hacen las familias. Cuando hay que recortar, se recorta en salud y programas sociales. Pero cuando hay que aliviar la carga, los beneficiados son para quienes tienen más ingresos y patrimonio.
No es un error. Es una decisión.
Kast no está improvisando. Está gobernando exactamente como cree. Y eso explica todo.
Este no es un gobierno para la mayoría.
Es un gobierno que prioriza al 1% más rico de Chile.


