El proyecto de interconexión eléctrica Los Cóndores–Río Diamante vuelve a enfrentar dos visiones de desarrollo: una basada en infraestructura energética de gran escala y otra que prioriza la biodiversidad, el turismo y la protección territorial.
Por Florencia Vargas Henríquez, antropóloga y encargada de la Comisión Nacional de Medioambiente y Ecología de las JJ.CC.
La discusión sobre el proyecto de interconexión eléctrica Los Cóndores–Río Diamante no puede reducirse a una controversia técnica entre una empresa y el Estado.
Lo que está en juego en el Alto Maule es mucho más profundo: quién decide sobre los territorios, para quién se construye el desarrollo y quién termina pagando sus costos.
La iniciativa considera una línea de transmisión de 500 kV, de aproximadamente 26,7 kilómetros en territorio chileno, además de más de 70 torres en la cordillera de la Región del Maule. El proyecto continúa dentro del proceso de evaluación ambiental. Servicio de Evaluación Ambiental.
El paisaje también sostiene la economía
La naturaleza del Alto Maule constituye el corazón de su atractivo turístico y forma parte de un patrimonio vivo.
Una infraestructura de esta magnitud podría modificar de manera significativa el paisaje y afectar a quienes dependen del turismo, los servicios, las actividades recreativas y los emprendimientos locales.
La disputa, por lo tanto, no es solamente ambiental. También es económica.
¿Qué modelo queremos para el territorio? ¿Una economía vinculada con la conservación, el turismo y el patrimonio, o una subordinada a proyectos energéticos de gran escala?
La rana que puso al Maule bajo la mirada internacional
La rana del Pehuenche se convirtió en uno de los principales símbolos de esta discusión.
La especie está catalogada en peligro crítico de extinción y habita pequeños esteros y vegas de alta montaña. Parte de esos ecosistemas podría quedar expuesta a las intervenciones asociadas al proyecto. La Tercera.
Resulta paradójico que haya sido necesaria la intervención del actor y activista Leonardo DiCaprio para que el mundo volviera su mirada hacia una especie amenazada en la cordillera maulina.
Más preocupante aún es que la respuesta institucional se haya limitado a señalar que no corresponde pronunciarse mientras la iniciativa siga en evaluación.
La prudencia administrativa no puede transformarse en indiferencia política. Las comunidades y las grandes empresas no cuentan con el mismo poder económico, jurídico ni comunicacional para intervenir en el debate y definir el destino de un territorio.
No se trata solamente de una rana
El caso de esta especie revela un problema mayor.
La biodiversidad no es un costo secundario del desarrollo. Es parte de las condiciones materiales que sostienen la vida, el agua, las actividades productivas y el futuro de las comunidades.
Facilitar la llegada de grandes empresas que ya cuentan con capital, equipos jurídicos y capacidad de lobby profundiza una desigualdad evidente.
No podemos continuar interviniendo los territorios en nombre del crecimiento hasta que no quede territorio y tampoco se cumpla la promesa de desarrollo.
El Maule tiene memoria
La defensa del río Achibueno y la oposición al proyecto termoeléctrico Los Robles demostraron que la organización ciudadana puede modificar decisiones que parecían inevitables.
Comunidades y organizaciones sociales se movilizaron para proteger la precordillera y sus recursos naturales. Hoy, el cajón del Achibueno recibe cada año a miles de visitantes y sostiene actividades vinculadas con el turismo local.
La participación ciudadana no puede ser tratada como un obstáculo. Es democracia en ejercicio.
El Alto Maule vuelve a colocar esta discusión sobre la mesa. No se trata únicamente de torres y líneas de transmisión.
Se trata del agua, el paisaje, el turismo, la biodiversidad, las economías locales y las condiciones de vida de quienes habitan el territorio.
Chile necesita energía, pero esa afirmación no responde la pregunta fundamental: ¿estamos produciendo para satisfacer las necesidades de la sociedad o poniendo los territorios al servicio de la acumulación de capital?
Para las grandes empresas, un territorio puede representar una oportunidad de inversión. Para quienes lo habitan, es la condición material de su existencia.
Defender el Alto Maule significa disputar esa contradicción.
Esta columna expresa la opinión de su autora.


