La eventual incorporación del Santuario Cajón del Río Achibueno a la categoría de Área de Conservación de Múltiples Usos abre interrogantes sobre la protección del río y el desarrollo de las actividades económicas y turísticas en el territorio.
El Santuario Cajón del Río Achibueno se encuentra próximo a adecuarse a una nueva categoría del Sistema Nacional de Áreas Protegidas, en el marco de la Ley 21.600. Aunque una evaluación preliminar apunta a su eventual incorporación como Área de Conservación de Múltiples Usos (ACMU), la decisión todavía no está resuelta y se deberá considerar a los distintos actores vinculados al territorio.
El área protegida comprende aproximadamente 4589 hectáreas y, según como menciona la normativa, el proceso de homologación no puede significar una disminución de su nivel de protección, jerarquía ni superficie. Junto con esto, en los terrenos particulares debe considerarse el consentimiento de sus propietarios.
Con esta medida se busca asegurar que se le otorgue un uso sustentable a los recursos naturales y los servicios ecosistémicos, para esto, la normativa permite que se desarrollen actividades que no pongan en riesgo el ecosistema de la zona protegida.
Desde Fundación Altué valoraron el inicio de este proceso, al considerarlo una oportunidad para avanzar hacia una gestión más participativa, planificada y coherente con las características del territorio, además de fortalecer la protección efectiva del Santuario. Sin embargo, señalaron que: “la homologación no debe entenderse únicamente como un cambio de denominación o categoría administrativa”, sino que se vuelve relevante el poder establecer herramientas concretas de conservación, recursos para la gestión, mecanismos de fiscalización y una participación efectiva de las comunidades locales.
En este sentido, identificaron entre las principales amenazas ambientales los incendios forestales, la degradación del bosque nativo, la acumulación de residuos en sectores de alta visitación y la presión sobre los recursos hídricos. Junto con esto manifestaron su deseo de que se reconozca el valor ecológico como la identidad cultural y las actividades tradicionales compatibles con su conservación.
También manifestaron preocupación por la posibilidad de que la categoría de múltiples usos sea interpretada como una autorización amplia para desarrollar actividades que puedan comprometer los objetivos de conservación. Por ello, plantearon la necesidad de establecer reglas claras, una zonificación adecuada y criterios que permitan evaluar los impactos ambientales de las actividades que se desarrollen en el lugar.
“Para Fundación Altué, el principio debe ser que las actividades humanas se adapten a las necesidades de conservación del ecosistema, y no que la conservación deba subordinarse a los intereses de explotación del territorio”, manifestó Juan Guillermo Fuentes.
Crecimiento turístico y presión sobre el territorio
El desarrollo turístico es otro de los aspectos que adquiere relevancia frente a la futura recategorización. Desde Reserva Las Ánimas explicaron que el crecimiento de esta actividad se relaciona con la popularidad que alcanzó el río durante el proceso de defensa frente al Proyecto Hidroeléctrico Achibueno.
Durante los últimos años, el sector ha experimentado un aumento de campings, complejos turísticos, alojamientos y otros negocios, junto con una expansión de las viviendas de veraneo y del sector inmobiliario.
De acuerdo con lo expresado por el administrador, este crecimiento ha generado nuevas oportunidades económicas para los habitantes de la precordillera, permitiendo diversificar sus actividades productivas. Además, estimó que el territorio recibe cerca de 300 mil visitantes por temporada.
Sin embargo, advirtió que la mayor afluencia de personas también ha incrementado la presión sobre el entorno, especialmente entre Peñasco y Monte Oscuro. A ello se suma la falta de infraestructura pública. El representante de Reserva Las Ánimas señaló que no existen baños públicos en aproximadamente 60 kilómetros de ruta del sector del Achibueno, además de plantear la necesidad de mejorar la gestión de residuos y aumentar la inversión destinada al cuidado del territorio.
“Todo el desarrollo de la industria turística está basado en la belleza escénica de este lugar, que es la que llevamos años cuidando”, señaló Christopher Rebolledo, representante de Reserva Las Ánimas, quien advirtió que una eventual afectación del río y su entorno podría poner en riesgo la continuidad de los emprendimientos turísticos del sector.
Incertidumbre por la protección del río
Respecto de la eventual categoría de Área de Conservación de Múltiples Usos, desde Reserva Las Ánimas señalaron que todavía existen dudas sobre sus alcances, particularmente en relación con la protección de los cursos de agua frente a los posibles proyectos hidroeléctricos o iniciativas como un embalse de riego.
Por su parte, Fundación Altué sostuvo que el turismo de naturaleza y las actividades recreativas de bajo impacto pueden convertirse en aliados de la conservación, siempre que existan planificación ambiental, reglas claras y participación de las comunidades. Sumado a que el futuro del Cajón Río Achibueno debe construirse desde la posición de proteger el patrimonio natural y cultural, reconociendo a las comunidades como protagonistas de su conservación.
Ambas organizaciones coincidieron en la importancia de avanzar hacia un modelo que permita resguardar el patrimonio natural y cultural del Cajón del Achibueno, sin desconocer las actividades que se desarrollan en el territorio.
Mientras se define la categoría definitiva, uno de los principales desafíos será establecer cómo se compatibilizarán los distintos usos con la protección de sus ecosistemas.


