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martes, agosto 25, 2026
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Eutanasia: cuando la respuesta ética es el cuidado

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Por Alejandro Ceriani B., Geriatra Fundación Las Rosas

En Chile, el debate sobre la eutanasia y el suicidio asistido ha ganado fuerza. Se presenta como un acto de compasión, una manera de devolver dignidad cuando ya no hay posibilidades de curación. Pero esta mirada, aunque bienintencionada, simplifica un proceso profundamente humano, el de morir.

Existe una alternativa más humana, más justa y verdaderamente compasiva: los cuidados paliativos.

La Organización Mundial de la Salud los define como un enfoque que mejora la calidad de vida de pacientes y familias frente a enfermedades graves. Lo hace previniendo y aliviando el sufrimiento, mediante un abordaje integral de los problemas físicos, emocionales, sociales y espirituales.

En la práctica clínica, esto significa algo muy concreto: el dolor y otros síntomas pueden controlarse de forma eficaz.

Bioética y dignidad

Mirar la eutanasia desde los principios de la bioética —beneficencia, no maleficencia, justicia y autonomía— permite entender por qué no es la mejor respuesta.

Beneficencia implica procurar el bien de la persona. Y ese bien no se logra suprimiendo su existencia, sino aliviando el dolor y brindando apoyo integral. Como recuerdan las sociedades de cuidados paliativos: “El deber médico no es provocar la muerte, sino procurar el mayor bienestar posible en la vida restante”.

No maleficencia -“primero, no dañar”- se ve vulnerada cuando la medicina se orienta a causar la muerte. No hay daño más radical que ese.

Justicia obliga a proteger a los más vulnerables. En un país donde muchas personas mayores o dependientes se sienten una carga, legalizar la eutanasia puede transformarse en un sutil incentivo para que opten por desaparecer.

Y autonomía, aunque fundamental, no es absoluta. Una decisión de morir tomada desde el dolor no tratado, la soledad o la desesperanza no es una decisión verdaderamente libre. La libertad real requiere alternativas, y eso significa garantizar cuidados paliativos universales y de calidad.

Morir acompañado no es lo mismo que morir inducido

La diferencia entre una muerte natural bien acompañada y una muerte provocada es profunda.
Con un buen manejo de síntomas, un entorno de cuidado y apoyo emocional, la persona puede despedirse, reconciliarse y vivir su último tramo con serenidad. Es un proceso de cierre, no de negación.

La verdadera compasión no está en acortar la vida, sino en no dejar sola a la persona en su dolor.

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