En círculos ligados al ámbito educacional se escucha que las clases presenciales volverían con suerte en septiembre; se menciona que hay que evaluar aquello.
Lo único claro es que el Ministerio de Educación todavía no les entrega los lineamientos para el regreso seguro a los colegios. En esta crónica frente al retorno, el historiador y profesor Luis Igor Antías reflexiona sobre los desafíos de la pandemia de coronavirus para la enseñanza y el aprendizaje. Dice que hay problemas y oportunidades.
Sin duda, ante la ausencia de clases presenciales en los colegios, escuelas y liceos, la “Enseñanza Remota de Emergencia” se ha tomado el quehacer educacional, más aprendizaje en línea y padres con hijos en encierro a causa del COVID-19 generan un cuadro complejo. Todos tratamos de responder heroicamente ante la situación.
Algunos padres trabajan desde la casa, otros han perdido su trabajo y los profesores están creando una forma completamente nueva de hacer su trabajo, sin mencionar a los niños, niñas y adolescentes mismos, atrapados en el hogar sin sus compañeros y amigos. De alguna manera, superaremos esto. Cuando lo hagamos, ¿cómo se serán las cosas al retornar las clases presenciales?
Una de las claves en el retorno escolar es la conexión y apoyo que requieren los líderes educativos del país para anticiparse a los problemas y oportunidades que surgirán en ése momento. Desarrollar protocolos y procedimientos para el autocuidado son una urgencia y más aún impulsar hábitos de higiene y nuevo tipo de relacionamiento entre estudiantes, con distanciamiento social y precauciones constantes.
Se necesitará apoyo estudiantil adicional
Después de semanas o meses en casa, los estudiantes habrán perdido el apoyo personal de sus profesores y profesoras. Muchos jóvenes habrán experimentado pobreza y estrés. Es posible que hayan visto a miembros de la familia enfermarse, o peor, morir. Es posible que hayan tenido pocas posibilidades de jugar afuera de sus casas. También, no es un misterio que las tasas de violencia intrafamiliar han aumentado durante la pandemia de COVID-19.
Muchos niños y niñas habrán perdido los hábitos que los colegios les enseñan: sentados, esperando su turno para hablar, aprendiendo a escuchar y cooperar en su proceso de aprendizaje. Más de unos pocos exhibirán los signos de estrés postraumático, tal como adelantan los psicólogos. Muchos habrán pasado horas mirando sus celulares o jugando videojuegos. Y las brechas de aprendizaje se habrán ampliado entre los niños de hogares más pobres y más acomodados, o los con mayor presencia y ausencia de los padres en casa.
Aunque los economistas anticipen la próxima reactivación económica como prioritaria, también se requerirán recursos adicionales en educación. Necesitaremos, especialistas en salud mental y profesores que apoyen el aprendizaje para ayudar a los estudiantes más descendidos y a los niños, niñas y adolescentes más vulnerables a reincorporarse a la actividad escolar y ponerse al día. En ese sentido la historia de la educación nos indica que luego de cada crisis es necesario invertir altos recursos en educación, ello ha ocurrido luego de conflictos sociales, guerras y desastres naturales.
Priorizando el bienestar
El bienestar ya no es una moda pasajera, es permanente. Antes de esta crisis, hubo murmullos de que el bienestar de los estudiantes era una distracción de los principios básicos de aprendizajes adecuados. Ahora está claro que sin el cuidado y el apoyo de los profesores y personal asistente, es difícil para muchos jóvenes mantenerse bien y concentrarse. Estar bien, no es una alternativa al éxito escolar. Es una condición previa esencial para el logro, especialmente entre los niños más vulnerables, tanto desde la perspectiva psicológica y/o socioeconómica.
Más gratitud para los docentes.
Las profesoras y profesores se encuentran entre los héroes no reconocidos de COVID-19: preparan recursos y orientación para el aprendizaje remoto, es una tarea ardua, se conectan con los niños y sus padres para asegurarse de que estén bien, incluso cuando muchos tienen sus propios hijos en casa. Los padres están llegando rápidamente a apreciar todo lo que hacen sus profesores.
Es bastante difícil cuando los padres tienen dos o tres hijos en casa todo el día. Muchos seguramente se darán cuenta de lo difícil que debe ser tener 30 o más estudiantes en una clase. Una vez que el mundo laboral recupere un cierto grado de normalidad, daremos por hecho que habrá trabajadores esenciales. Los profesores estarán entre estos.
Habilidades y competencias
La pandemia ha expuesto la vulnerabilidad de la economía mundial a los colapsos de suministros esenciales. Por lo tanto, tendrá que haber un impulso relacionado para las actividades productivas y resurgirá el debate entre un presupuesto nacional que focalice de manera distinta en salud, educación, defensa, etcétera. Sumando, las legítimas demandas sociales y políticas.
Si bien nadie está de acuerdo en lo que significa ser «clase trabajadora», lo que está claro es que involucra sectores de trabajo, niveles salariales y una acumulación generacional de capital cultural y social, disposiciones y gustos. Cuando se reactive la economía, algunas personas sentirán la falta de reconocimiento económico e insistirán en ello. Esto también implica repensar la economía y su impacto en la vida de las personas, así como qué tipo de aprendizaje posiciona a las personas para sobrevivir a cambios tumultuosos, experimentar movilidad y construir vidas significativas. El enfoque hacia las habilidades, competencias (competente) se reflejarán en lo que enseñamos, por sobre el contenido asignaturista. La priorización curricular será relevante en los próximos años.
Más y menos tecnología para la educación.
Durante COVID-19, ha habido una lucha loca para encontrar tecnología que apoye el aprendizaje en casa. Sin embargo, poco más del 30 o 40 por ciento de los estudiantes en Chile no tienen acceso a internet o dispositivos como computadores en sus hogares. A medida que el dinero se vuelve más escaso, las familias han tenido que elegir entre mantener los servicios de internet o comprar alimentos y en los sectores populares a recurrir a ollas comunes.
En esta pandemia, la tecnología ha complementado la enseñanza y los docentes siguen siendo muy necesarios en el proceso de enseñanza, son irreemplazables. También se ha demostrado que se requiere potenciar y desarrollar un enfoque nacional coherente e integral para la conectividad tecnológica y el aprendizaje que respaldará a todas las escuelas.
Por el contrario, también habrá menos tecnología. Ciertamente necesitamos mejores recursos digitales. Pero cualquiera que pensara que el aprendizaje en línea puede reemplazar a los docentes se verá rápidamente desilusionado, un alto número de niños en el proceso formativo no pueden concentrarse o autorregularse, requieren de la guía y apoyo docente. La buena alimentación escolar es también una prioridad en el contexto actual y futuro.
Finalmente, después de la pandemia, la mayoría de los gobiernos del mundo estarán bajo una presión para reconstruir sus economías y reducir el gasto público. Nuestro país no está exento de ello. Estamos en un túnel largo y oscuro en este momento. Cuando emerjamos, nuestro desafío será no proceder exactamente como antes, sino reflexionar profundamente sobre lo que hemos experimentado y dar un giro brusco en la educación y la sociedad para mejorar.
Al desafío de superar la crisis de aprendizajes que ya estábamos viviendo, se agrega el reducir al máximo el impacto negativo que esta pandemia tendrá en el aprendizaje y la educación, aprovechando esta experiencia para retomar una ruta acelerada de mejora en los aprendizajes.
Luis Osvaldo Igor Antías
Historiador


