Una creciente distancia entre la política y la ciudadanía comienza a instalarse como uno de los principales desafíos del escenario nacional. Más allá de las diferencias ideológicas, el diagnóstico apunta a una desconexión profunda con la realidad cotidiana de las personas.
El debate se ha intensificado en medio de decisiones económicas que, para muchos, resultan contradictorias. Mientras se promueven medidas para impulsar el crecimiento, también se implementan alzas que impactan directamente el costo de vida, generando dudas y desconfianza.
Para el académico y especialista en opinión pública Rodrigo Durán Guzmán, el problema no es solo político, sino también comunicacional.
A su juicio, las autoridades enfrentan una dificultad estructural para conectar sus decisiones con la experiencia real de la ciudadanía. “No basta con medidas técnicamente correctas si no existe un relato coherente”, advierte.
El experto sostiene que uno de los errores más relevantes es asumir que el respaldo ciudadano es permanente. Según plantea, existe una sobreestimación del apoyo electoral, en un contexto donde las mayorías son volátiles y muchas veces responden al “mal menor”.
En esa línea, advierte que las inconsistencias en el discurso afectan directamente la credibilidad. Cuando se comunica escasez de recursos, pero se adoptan decisiones que parecen contradecir ese mensaje, la confianza se erosiona.
El fenómeno, asegura, no requiere conocimientos técnicos para ser percibido. Es una evaluación que los ciudadanos realizan desde su propia experiencia cotidiana.
Durán concluye que el principal desafío de la política chilena es reconstruir un relato creíble, consistente y conectado con la vida real de las personas.
De lo contrario, advierte, la brecha entre representantes y ciudadanía seguirá ampliándose, profundizando una crisis de legitimidad que ya comienza a evidenciarse en la opinión pública.


