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Apruebo ¿y ahora qué? Excarcelar a los presos de la revuelta debe ser el piso mínimo para concitar la unidad del pueblo

“Con la endorfina propia que genera la “sana victoria” del pueblo y todavía colmado de la esperanza apruebista, resulta necesario sacudirse de la resaca ganadora y aportar con cimientos lo suficientemente coherentes que hagan sostenible cualquier proyecto de cambio refundacional para el pueblo de Chile”

Porque no bastaba con aprobar, es ahora cuando debemos avanzar hacia los mínimos comunes que hagan posible un proceso constitucional realmente constituyente, de base y/o popular. Solo con raíces plenamente fecundas, podremos ver crecer el brote de un digno provenir.

A partir de la revuelta popular del 18 de octubre de 2019 y específicamente luego de la batalla institucional librada con éxito el 25 de octubre de 2020 en las urnas; uno de los mínimos que se han incubado en el Sentido Común es la excarcelación inmediata de las personas apresadas y vejadas por el régimen encabezado por Sebastián Piñera. Lo anterior se torna -también- un imperativo ético a la hora de pensar en recomponer la unidad entre las fuerzas populares apartidistas, y el progresismo de algunos partidos políticos que -válidamente- llaman y requieren de “la unidad del pueblo” para legitimar el proceso constitucional. No obstante es justamente ese pueblo en disposición de lucha permanente el que ha aprehendido que la unidad no se exige sino que se construye, y no con ‘ofertas más u ofertas menos’ de cara a la convención, sino que con la dignidad y convicción intacta de devolver al pueblo lo arrebatado; incluida la libertad incondicional de las y los hermanos de clase que se alzaron frente al despertar.

Cabe destacar que son cientos y miles las y los jóvenes quiénes hoy se encuentran encerrados y que están siendo tratados como delincuentes por incurrir en desórdenes públicos que hasta hace un año (antes de la Ley anticapucha y antibarricadas legislada por el actual Congreso que hoy gárgaras con la democracia aún de baja intensidad) les hubiese valido sanciones y cautelares menos gravosas; dejando en claro que el actuar policial del Estado neoliberal chileno responde a una medida desesperada que busca únicamente amedrentar, encarcelar y criminalizar la legítima protesta social. El chiste se cuenta por si solo cuando observamos que en casi todos los casos, no existen pruebas fundadas contra personas -fundamentalmente jóvenes- que, por el contrario, son sometidos a la zozobra (angustia, temor, miedo, etc) que provoca estar apresados sin juicio en un Estado de Derecho que les utiliza como objetos para el escarnio público a desarrollar.

Es ahora es cuándo tender los puentes que permitan la tercera independencia de Chile en unidad y -al igual que los 13 escaños reservados para los pueblos indígenas o primera naciones (con una metodología autónoma de elección)-, para el pueblo chileno la libertad inmediata de las, les y los presos de la revuelta resulta un piso basal para aunar fuerzas: un mínimo civilizatorio en tiempos de la barbarie neoliberal que apresó a más de 2 mil 500 personas -al igual que en la dictadura sangrienta de Pinochet-, en su mayoría jóvenes y personas empobrecidas por el viejo orden.

Asistimos a un momento histórico en que el “Poder” ha dejado de ser canalizado única y exclusivamente por el Sistema de Partidos Políticos, se ha roto la matriz moderna de las izquierdas y las derechas en tanto posibilidad hegemónica de cualquier asomo de transformación social. Asistimos a un parto real que, aún cuando doloroso, está dando vida en tiempo real a una nueva comunidad política compleja y cada vez menos elitista, la cual no escatimará en hacerse escuchar e instalar con la creatividad inconmensurable de la rebeldía, sus términos y exigencias.

La “libertad inmediata a lxs presxs de la revuelta” entonces, junto con un irrenunciable que el pueblo chileno movilizado deberá cautelar, se perspectiva incluso como una oportunidad histórica para las fuerzas progresistas de la política partidista de cara a restituir las confianzas en medio de un proceso que aún sigue siendo más constitucional que Constituyente. Asistimos a un fin de ciclo, con potencial refundacional si es se quiere, por lo que es ahora cuándo dejar que el viejo orden muera para que el nuevo nazca, reparando y construyendo desde los cimientos, radicalmente: desde la raíz.

Escrito por: Mariano Rivera Figueroa

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