Lo que fue uno de los ejes más duros de la campaña presidencial de José Antonio Kast hoy parece diluirse en la práctica gubernamental. El mandatario llegó a La Moneda asegurando que terminaría con la “catástrofe de seguridad” heredada del gobierno anterior. Sin embargo, a pocos meses de iniciado su mandato, su propio ministro de Seguridad Pública confirmó la continuidad del plan diseñado por la administración de Gabriel Boric.
Fue el ministro Martín Arrau quien despejó cualquier duda. En declaraciones públicas, descartó la elaboración de una nueva Política Nacional de Seguridad, señalando que la vigente -promulgada durante el gobierno de Boric- tiene una duración de seis años y “es suficiente, amplia y da espacio para implementar planes y programas futuros”.
Las palabras no pasaron inadvertidas. Durante la campaña, Kast calificó reiteradamente la situación delictual del país como una “catástrofe”, responsabilizando directamente al Ejecutivo anterior por la crisis de seguridad. El mensaje fue claro y contundente; habría un cambio de rumbo. Hoy, ese giro no se observa.
Desde el Ministerio de Seguridad se argumenta que la actual política nacional entrega el marco necesario para avanzar en estrategias operativas, como el control fronterizo, la prevención del delito y la coordinación interinstitucional. Según Arrau, el énfasis estará puesto en aplicar la ley vigente, convocar consejos de seguridad pública y avanzar “paso a paso” en un ministerio que aún se encuentra en proceso de instalación.
No obstante, el contraste entre el discurso de campaña y la acción de gobierno abre un flanco político inevitable. Para parte de la opinión pública, la continuidad del plan diseñado por Boric tensiona el relato que llevó a Kast a la presidencia y refuerza la idea de que, más allá de las consignas, la seguridad sigue anclada a lineamientos ya definidos.
Mientras el Ejecutivo insiste en que lo importante es la implementación y no el cambio de nombre de las políticas, la pregunta queda instalada: ¿era la “catástrofe de seguridad” un diagnóstico real o solo un recurso electoral? El tiempo y los resultados en las calles serán los que entreguen la respuesta.


