Columna de opinión por Andrés Mendiburo, psicólogo y académico de la Facultad de Educación y Ciencias Sociales UNAB.
Septiembre huele a carbón, empanadas y ese terremoto que no es vino ni trago, pero igual nos tomamos con gusto. Las plazas se llenan de volantines, los supermercados de longanizas, y las calles, de chilenidad. Y como cada año, reaparece una costumbre muy nuestra: ponerle nombres creativos —y a veces cuestionables— a las fondas.
¿Dónde está el límite entre la picardía chilena y el humor de mal gusto? ¿Qué nos hace reír y qué nos incomoda? Como psicólogo y académico, me propuse observar ese fenómeno tan criollo que ocurre cada Fiestas Patrias: cómo usamos el humor para nombrar nuestras fondas, y qué dice eso de nosotros como país.
¿De qué nos reímos los chilenos?
Según un estudio reciente que realizamos, el 73,9% de las personas cree que es igual o más gracioso que el resto. Es decir, el chileno promedio no solo se ríe mucho (41,9% dice que se ríe más que los demás), sino que también se cree gracioso. Esto nos da una pista importante: nos gusta reír, y nos gusta hacer reír.
Cuando la fonda cruza la línea
Un caso reciente lo demuestra: la polémica por la fonda “Master Pinochef: Un Golpe de Sabor” generó rechazo transversal. Y no es casual. Cuando preguntamos sobre el humor relacionado con detenidos desaparecidos, el 88,8% dijo que no era aceptable.
Hay límites, y aunque a veces se intenten cruzar “en broma”, la memoria colectiva pesa más.
El humor que sí funciona
¿Humor sexual? Sí, y mucho. El 73,4% lo considera aceptable, y es el tipo de chiste mejor evaluado (4,3 en una escala del 1 al 5). De ahí nacen joyas como “11… Chupa entonces”, “Rosa Melcacho” o “Sin Papas No Hay Paraíso”, donde el doble sentido reina, pero sin dañar.
¿Humor político? ¡Por supuesto! Reírse del poder es casi un deporte nacional. El 81,9% lo aprueba, lo que abre cancha para nombres como “Fondación Chelacracia Viva”, “El Chat de Hermosilla” o “La Fonda Yáber: 4 ucranianas, 3 polacas”.
¿Y entonces, cómo le ponemos a la fonda?
La receta es clara:
- Humor sí, pero con conciencia.
- Evite temas dolorosos o divisivos.
- Juegue con lo político, lo sexual o lo cotidiano, que ahí está la esencia de nuestro humor nacional.
Después de todo, como bien nos enseñó una fonda por ahí:
“Al mal tiempo, wena caña.”


