A un año de su implementación, el Servicio de Reinserción Juvenil muestra avances concretos: más recursos, más jóvenes estudiando, y un Estado que apuesta por segundas oportunidades reales.
Por primera vez en Chile, la reinserción de jóvenes en conflicto con la justicia no es solo un discurso, sino una política pública con resultados medibles. A menos de un año de su despliegue total, el nuevo Servicio Nacional de Reinserción Social Juvenil ya evidencia avances sustantivos que apuntan a un cambio estructural en la forma en que el país enfrenta la justicia juvenil.
De un sistema colapsado a una política con sentido
Este nuevo servicio reemplazó al antiguo Sename en la tarea de reinserción, con un enfoque profesionalizado y con metas claras. ¿La diferencia? Una estructura especializada, mayor presupuesto y coordinación interinstitucional efectiva.
Gracias al nuevo modelo de financiamiento -basado en compras públicas-, el presupuesto se triplicó, de 22 mil millones de pesos pasó a 55 mil millones, lo que permite exigir estándares y garantizar intervenciones de calidad.
La educación como eje transformador
Uno de los focos clave ha sido reinsertar a los jóvenes en el sistema educativo. Hoy, 111 jóvenes atendidos por el Servicio cursan estudios de educación superior, abriendo un camino de dignidad, autonomía y desarrollo personal.
El convenio firmado con el DEMRE permite que jóvenes privados de libertad rindan la PAES. Además, el Programa Revinculadores apoya a quienes han abandonado el colegio para que retomen sus estudios.
Cifras que hablan de cambio
Desde su puesta en marcha, el Servicio ha atendido a 5.702 jóvenes. De ellos, más de 2.700 permanecen activos en el sistema, con intervenciones que buscan no solo el cumplimiento de sanciones, sino una transformación profunda.
El 10% son adolescentes de entre 14 y 15 años; el 40% entre 16 y 17; y cerca de la mitad mayores de 18. Solo el 7% son mujeres, lo que también plantea nuevos desafíos para una atención diferenciada y con perspectiva de género.
Se han sumado además 588 derivaciones de mediación penal adolescente y 69 acompañamientos postegreso, líneas nuevas que extienden el apoyo más allá del momento judicial.
Infraestructura que acompaña la misión
El fortalecimiento físico del sistema también avanza, más de 55 mil millones de pesos en proyectos de infraestructura incluyen nuevas obras en Alto Hospicio, Coquimbo, Coronel, y Los Lagos, así como la segunda etapa del centro en Antofagasta.
Este 2025 se abrieron nuevos centros de reclusión parcial en Arica y Tarapacá, y ya se proyectan nuevos espacios en Ñuble, Los Ríos y Valparaíso.
Una victoria compartida
“La misión que la ley nos entregó es clara: dar a cada joven una verdadera oportunidad de cambio”, afirma Rocío Faúndez García, directora nacional del Servicio. Y aunque queda camino por recorrer, cada historia de superación, cada joven que retoma sus estudios o encuentra un empleo, es una señal de que sí es posible transformar vidas y construir un país más justo.
Porque la verdadera seguridad también se construye desde la reinserción. Y cuando un joven cambia su destino, cambia también el futuro de todos.


