Recorte fiscal, alza de combustibles y manejo del shock externo marcan un inicio con efectos inflacionarios y menor crecimiento esperado. Columna de la red de Centro de Pensamientos Progresistas de Chile.
A un mes del inicio del gobierno del presidente Kast, ya existe suficiente evidencia para un balance preliminar de su política económica. El principal cuestionamiento apunta a la ausencia de una estrategia coherente para cumplir el objetivo de superar la supuesta crisis económica y fiscal heredada, especialmente en un escenario internacional adverso.
Uno de los pilares iniciales fue el anuncio de un recorte presupuestario transversal de 3% en todos los ministerios. La medida ha sido criticada por no distinguir prioridades, afectando potencialmente áreas clave como seguridad, salud y vivienda. Además, su impacto real es limitado en carteras pequeñas y desproporcionado en otras, lo que dificulta su implementación efectiva.
El ajuste también enfrenta restricciones estructurales: con más del 50% del gasto concentrado en educación, salud y pensiones, mantener esos niveles obligaría a recortes superiores al 6% en el resto del aparato estatal. Esto incrementa los costos sociales y políticos, al tiempo que refuerza las dudas sobre su viabilidad.
En paralelo, el escenario externo se ha deteriorado tras el fuerte aumento del precio del petróleo, derivado del conflicto en Medio Oriente. Frente a este shock, el gobierno optó por traspasar completamente el alza a consumidores y empresas, rompiendo con una política histórica de estabilización de precios que buscaba amortiguar impactos abruptos.
El efecto ha sido inmediato: mayor inflación, caída del poder adquisitivo y aumento de costos para empresas, especialmente pymes. Las estimaciones apuntan a un alza significativa del IPC, lo que podría llevar a tasas de interés más altas y a una desaceleración adicional de la economía.
Desde el punto de vista fiscal, se cuestiona la decisión de no utilizar herramientas disponibles como fondos soberanos o mayor endeudamiento, considerando además los mayores ingresos proyectados por el alza del cobre. A esto se suman señales contradictorias, como advertencias sobre una supuesta fragilidad fiscal, que podrían afectar la confianza internacional.
En conjunto, las medidas adoptadas han llevado a una revisión a la baja de las proyecciones de crecimiento y a un aumento en las expectativas de inflación. El balance preliminar sugiere que, más allá de sus objetivos, la estrategia económica del gobierno enfrenta dificultades que podrían tener efectos negativos tanto en el corto como en el mediano plazo.


