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lunes, abril 22, 2024
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Desigualdad y brecha social en el Chile del siglo XXI

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Pese a los buenos indicadores socioeconómicos alcanzados por el país eso no significa que se haya alcanzado oportunidades y progreso para todos por igual.

En este artículo el historiador Luis Igor Antías plantea que basta revisar los indicadores económicos y sociales para constatar un retroceso en desigualdad socioeconómica, ello es un problema social presente y futuro cuyos mecanismos de reproducción marcan la historia de Chile.

AVANCES E INSEGURIDADES
Al iniciar el siglo XXI, la sociedad chilena se percibe con avances, pues en las últimas décadas se ha reducido objetivamente la pobreza y existe mayor acceso a la educación superior, pero nuestros compatriotas se perciben así mismos con creciente bienestar material pero sustentado a partir de “historias de esfuerzo personal que habrían permitido dejar atrás un Chile más precario”. La igualdad por tanto es un tema pendiente. A lo que debemos agregar un alto índice de percepción de inseguridad, de mantener lo conseguido.

Diversos estudios indican que la percepción de injusticia en Chile se asocia al hecho de que quienes pueden pagar más tienen acceso a mejores servicios sociales. Se dice que los niveles de inseguridad en los últimos 15 años ha pasado del 52% a 64% en el caso de la educación, y de 52% a 68% en el caso de la salud. Ello está empujando demandas sociales por mayor seguridad, por ejemplo, en pensiones e inquietudes por futuro laboral de los jóvenes pese a los títulos obtenidos por éstos. Preocupa el desempleo, el costo de los tratamientos médicos, aspectos que el mérito personal no alcanza a satisfacer.

En definitiva las desigualdades más molestas son las asociadas al acceso a la salud, educación y trato que reciben las personas; en esto último un 41% de la población encuestada por un organismo internacional señala haber sufrido malos tratos en el último año por clasismo y machismo.

Los problemas que no hemos podido superar son:
– Una estructura productiva desigual basada en grandes empresas que ofrecen buenas remuneraciones y estabilidad laboral, y un gran número de pequeñas y medianas empresas de menor productividad que no logran asegurar ni estabilidad ni calidad del empleo.

  • Un sistema educativo que, si bien ha logrado integrar a una gran cantidad de jóvenes a la educación superior, por su estructura segmentada no logra generar suficiente igualdad de oportunidades que garantice la movilidad social intergeneracional.

  • Una alta concentración de la riqueza y el ingreso en un número reducido de grupos económicos. Este patrón de concentración genera reparticiones de los excedentes y patrones de inversión que reproducen la concentración y dificultan reducir la desigualdad.

  • Una alta elitización en la representación política: más del 70% de los ministros, casi 60% de los senadores y más del 40% de los diputados del período 1990-2016 asistió a colegios de elite, carreras y universidades de elite, o ambas. Esto provoca una distancia sentida por parte de la población respecto de sus representantes y líderes políticos, y alimenta la crítica al carácter privilegiado de las autoridades públicas.

  • Patrones culturales que justifican o critican la desigualdad existente. Aún conviven valores meritocráticos a partir de los cuales se estigmatiza a la población más vulnerable de “aquellos que no se esfuerzan”, y a su vez se critica el abuso de contactos y privilegios de las clases más altas. El alto valor del mérito y la importancia de las credenciales educativas en el progreso individual se contrastan con la relativa menor importancia de un principio de solidaridad en el discurso público.

LINARES

De acuerdo a los análisis que se realizan a los programas gubernamentales aplicados desde inicios de este siglo en Linares, los índices de pobreza e indigencia todavía muestra una brecha social difícil de superar, tampoco se han producido empleos diversificados, cuestión que es primordial para el crecimiento sostenible. Tampoco han disminuido las desigualdades. Por ejemplo, en las empresas situadas en el eje de la ruta 5 se emplean personas adultas y estudiantes que viven en los sectores marginales de la ciudad de Linares, éstas cuentan con locomoción propia y en algunos casos ofrecen colación. En cambio, los packing satélites emplean a personas de los alrededores, de origen rural y con menores grados de educación; siendo los sueldos inferiores con condiciones de trabajo de peor calidad.

Los índices de vulnerabilidad de Linares en los últimos años ha mejorado, sin embargo, los sectores rurales presentan altos grados de exclusión social y sectores de la periferia urbana dan cuenta de similar situación. Linares está recibiendo población de pobres e indigentes que emigran desde el secano costero hacia los valles interiores de la Comuna en función de los puestos de trabajo temporales que ofrece el sistema productivo. En salud existe un grave déficit que obliga a la obtención de prestaciones especializadas en Talca o Santiago.

Tal como en el resto del país, existen dificultades en la distribución de la riqueza. Añadamos el efecto del cierre de la planta IANSA al cuadro y la existencia de empleos informales y formales de baja calidad. Un cuadro preocupante para los próximos años, de no mediar políticas públicas acertadas e inversión empresarial privada.

UN PROBLEMA POLITICO
Si bien aún no hay recetas para superar las desigualdades y pobreza en el Chile del siglo XXI, debemos reflexionar como sociedad, por ejemplo, acerca de la sobrerrepresentación de los grupos altos de la sociedad en los espacios de toma de decisiones políticas donde hay evidentes problemas de legitimidad, pues transmite muy claramente un sentido de desigualdad en la influencia que los grupos más privilegiados pueden ejercer. En educación, la calidad y segmentación del sistema escolar, son desafíos pendientes. Finalmente, hay un creciente número de compatriotas que se siente maltratado y con escasa representatividad política, aspecto base a superar en la convivencia social, ya que nos permite discutir, imaginar y trabajar por un país con mayores grados de igualdad. Una clave es desarrollar centros de pensamiento, innovación y ciencia, algo que está lejos de la voluntad política.

Cada época tiene sus respuestas y parece ser que los talentos regionales deben emerger con inteligencia aprovechando las oportunidades presentes, con un modelo de desarrollo socioeconómico que satisfaga nuestras necesidades de hoy, sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para cubrir sus propias necesidades. Esa será la contribución para un Chile más igualitario, con una menor brecha social.

Por Luis Igor Antías
Historiador

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