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“Los políticos en general y presidente de la república no poseen la convicción para llevar a cabo las transformaciones que necesita el país”

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Los días del historiador Luis Igor Antías son intensos, a las evaluaciones de fin de año se agrega la publicación en Estados Unidos por parte de “Gabriela Mistral Foundation,Inc”, situada en Nueva York de una investigación suya con aspectos desconocidos sobre la nobel en una localidad del Sur de Chile. Conversamos con él sobre la contingencia nacional, ya que como historiador ha realizado publicaciones sobre el Conflicto de la Zona Roja de la Araucanía e Historia de la educación chilena desde el gobierno militar (1980) a los inicios del segundo periodo del Presidente Sebastián Piñera (2017), además de artículos de orden académico. En la actualidad nuestro entrevistado radica en Linares y labora en una institución educacional de la ciudad.

¿Cómo se inicia el interés por Gabriela Mistral?

Lucila Godoy Alcayaga  o Gabriela Mistral es un personaje notable en la historia nacional, una mujer muy avanzada para su época. Rescato un momento de la vida de Gabriela Mistral en la localidad de Traiguén en la región de la Araucanía, donde se desempeñó por un corto tiempo, entre 1910 y 1911, como profesora del Liceo de Niñas. La  presidenta de la fundación depositaria del legado de Gabriela Mistral en Nueva York Gloria Garafulich-Grabois, se interesó por esta investigación que recoge el contexto, presencia y huella de la nobel en la zona desde el punto estrictamente histórico, no profundizo en el aspecto literario, no soy especialista en ello. 

Motivado por una profesora de educación básica de la zona, me aboqué a indagar sobre la presencia de Lucila Godoy en Traiguén, hay que recordar que en ese tiempo Gabriela aún no decidía si su línea sería el periodismo, la educación o la poesía. La tranquilidad, lo visto y sentido, la llevaron en ese lugar a tomar la decisión de ser poetisa. Después vendría su carrera como una notable educadora latinoamericana, diplomática y poetisa. La publicación será en idioma inglés.

¿Cuál es su visión sobre el estallido social? 

Prefiero llamarle explosión social, ya que abarca una serie de demandas que considera temas económicos, políticos, sociales, medioambientales e incluso culturales. La elite chilena no vio venir las protestas sociales, esto se evidenciaba desde el año 2011 e incluso antes había demandas generales que no fueron escuchadas y se fueron acrecentando por justicia, salud, educación, pensiones, etcétera.  

Esta es una explosión social autoconvocada por un cambio al modelo neoriberal, que convoca a la sociedad de manera amplia y transversal, donde los partidos políticos y gremios, en una primera etapa quedan inmóviles frente a la rabia ciudadana que no es tan solo lumpen actuando, sino vastos sectores de la sociedad.  Es la rabia frente a las colusiones, al trato del Estado a los mapuches, el sistema de AFP, las coimas, etcétera. Lo distinto es que el movimiento no posee líderes personificados en alguien concreto, es algo nunca visto en la historia chilena. Me atrevo a aventurar que el liderazgo está en las redes sociales, donde se expresa un cambio cultural fuerte. 

Está la idea y esperanza de cambio frente a la desigualdad de ingresos y accesos al bienestar social, porque tenemos un sector del país viviendo estilos de vida con opulencia y, otro sector, en la miseria. La clase media se jubila y cae en pobreza.  

¿Sólo demandas económicas?

No es solo eso, son factores que se combinan. Por ejemplo, la macroecononía chilena funciona como país desarrollado y la microeconomía como país subdesarrollado, es decir, la desigualdad es grande, lo que impacta a otros factores como el bienestar social y cultural.

Los chilenos tomamos conciencia de algo que se viene diciendo desde hace tiempo. Los índices económicos nos dicen que en los países del OCDE, el 10% más rico gana 9 veces lo que gana el 10% más pobre de la población, en Chile en cambio es 27 veces. Como lo decía el anti poeta Nicanor Parra: “Hay dos panes. Usted se come dos. Yo ninguno. Consumo promedio: un pan por persona” y eso es criticable. 

Cuando estuve en Traiguén, una pequeña comuna de la Araucanía, e hice una investigación sobre el conflicto mapuche, un latifundista me dijo: “Nos ha ido bien, por eso tenemos lo que tenemos, todo bajo el esfuerzo del trabajo”, el origen de la riqueza familiar tal como pude constatar fueron de tierras asignadas a sus antepasados en conjunto con ayuda económica estatal, con el tiempo existieron corridas de cercos y compras de terreno de manera irregular, por ejemplo, por gallinas. Estas tierras fueron inscritas en los Conservadores de Bienes raíces de manera censurable, pasando con el tiempo a ser “terrenos adquiridos de manera legal”. Con esto quiero señalar que el estado chileno administrado por las elites es generador de desigualdades sociales.

Por tanto, la desigualdad es socioeconómica…

Incluso es más, la desigualdad socioeconómica en Chile pose un componente cultural, étnico y racial histórico. Las clases altas se configuraron como predominantemente blancas, mientras que mestizos e indígenas ocuparon un grado más bajo en la jerarquía social, y así hacia abajo. Hoy el aspecto físico es un buen predictor de la clase social en Chile, ello da cuenta de una sociedad con escasa movilidad social, en la que han primado los prejuicios y la discriminación en el acceso a las oportunidades. No sé, si lo has escuchado alguna vez, cuando nacía una guagua, si era de tez blanca y algo trigueña o rubia, se decía que tendría buen futuro. Olvídate, lo que quedaba para nosotros los morenos y de pelo negro liso.  

Los trabajadores en la gran mayoría de los casos reciben bajas remuneraciones y si eres mujer, son más bajas aún. Por tanto, hoy tenemos sobreendeudamiento, altos índices de estrés y depresión. Hace poco leía en internet un artículo que señalaba que en el país, más de un millón de personas sufre de ansiedad y cerca de 850 mil padecen depresión. Somos el segundo país de la OCDE que más ha aumentado su tasa de suicidios durante los últimos 15 años. 

Ahora si preguntas, cuántos especialistas hay y en qué sistema atienden, te darás cuenta que son escasos y están en el sistema privado. Entonces, eso explica por qué lo de la rabia en las calles.

¿Una nueva constitución nos ayudará a salir del problema?

En realidad no lo sé. Los historiadores y profesores de historia estudiamos el pasado, el futuro queda para los analistas de otras disciplinas. Tengo la esperanza que ayude; creo que hoy definitivamente se está creando el Chile del siglo XXI, el de nuestros nietos y descendientes. Ojalá que el sistema de privilegios se rompa con una nueva constitución. El modelo neoliberal instalado con la constitución de 1980 en dictadura, claramente genera desigualdad, debe cambiar la política y la forma de hacerla. 

Difícilmente una clase política como la existente en Chile, va a cambiar un modelo, se constata en el devenir histórico. Los políticos actuales en general y presidente de la república no poseen la convicción para llevar a cabo estas transformaciones que necesita el país, será difícil. Los cambios deben salir de una nueva generación. 

Es importante señalar que una nueva constitución no garantiza la superación de la desigualdad socioeconómica en Chile, ésta se funda en factores estructurales difíciles de modificar como diferencias de productividad, capacidad instalada de producción, disponibilidad de capital para inversiones, educación de los trabajadores y normativa laboral. Modificar esto llevará un tiempo, hay que cambiar el modelo productivo y educativo en este nuevo siglo XXI.  Necesitamos información y conocimientos los que hoy son muy escasos, pero también hay resistencias al cambio, porque esto tiene un componente cultural y de tiempo.

Por otra parte, la sobrerrepresentación de los grupos altos de la sociedad en las decisiones políticas tiene problemas de legitimidad, pues transmite un sentido de desigualdad en la influencia que los grupos más privilegiados pueden ejercer. Hoy se percibe un fuerte rechazo a la influencia que empresas y sectores de altos ingresos ejercen sobre la representación y las decisiones políticas a través de las vías legales e influencias. Los grupos sociales en Chile tienen tiempos distintos.

¿Cómo es esto último?

En la perspectiva histórica este es un proceso que no es único en la Historia de Chile. La clase dirigente rige su visión histórica por el tiempo constitucional, por las normas legales. De acuerdo al pensamiento conservador de nuestras elites, las normas se deben mantener, conservar y ese conservar el orden debe ser con apego a la norma impuesta autoritariamente; para ello, se recurre a las fuerzas armadas, por eso la ley es difícil cambiar, porque el concepto es la “permanencia”, dice nuestro premio nacional de historia Gabriel Salazar. 

En cambio, el tiempo y conciencia histórica de los grupos medios y populares se rige por otros tiempos, donde las normas o leyes varían rápidamente, porque es ahora cuando deben subir los sueldos, ahora debe existir una atención médica especializada y digna, ahora se requieren alimentos. Este tiempo se rige por el día a día; porque te van a embargar la casa y debes pagar las cuotas del endeudamiento de consumo. Por eso las redes sociales han jugado un rol importante, a través de éstas la gente se auto convoca y se pone de acuerdo para protestar; el lumpen tal como ha sido desde siempre en la historia del país actúa con rapidez en estas ocasiones. Por tal motivo, para la elite esta explosión social fue inesperada, el pueblo actúa con rapidez.

Escuchaba a un analista político decir que estábamos frente a una revolución. ¿Está de acuerdo con ello?

Totalmente de acuerdo, las manifestaciones que vemos implican un cambio cultural. Si ves televisión te darás cuenta que personajes han sido sacados de pantalla. Los contenidos televisivos y de los medios de comunicación se han redefinido. La gente valora una moral y ética distinta de los personajes públicos, no tolera ciertas conductas, es cosa de ir a las redes sociales.

En la actualidad hay una revolución, existe un cambio cultural, los que no votan en las elecciones se están manifestando, poniendo en jaque a los políticos. La revolución es también generacional. 

No hay una masa liderada por partidos que conducen a la sociedad. Con la transición, nos convertimos en ciudadanos que nos revolucionamos. La política se ha ciudadanizado, la ciudadanía es pensante y soberana, eso es revolucionario, es un proceso nuevo.  

La ciudadanía quiere un pacto social, sobre la base de una constitución democrática, distintas a las constituciones de 1833, 1925 y 1973 que nacieron desde la elite  y fueron impuestas. La soberanía se entiende como el autogobierno del pueblo como voluntad colectiva, sobre la base de la deliberación libre. Por eso hay un rechazo a los políticos, por eso aparecen los cabildos o asambleas locales. Eso asusta a los políticos de diversos sectores, por eso aparece el discurso de defender la constitución y legalidad, defender el orden público y la democracia, es decir, surge el pueblo como enemigo del orden jurídico que atenta contra los privilegios de la elite. Lo distinto de este movimiento a diferencia del pasado histórico como en 1891, 1903, 1906 y 1957, es que los militares en esta oportunidad no salieron a masacrar. Por eso, ha sido relevante cuando el presidente de la república señaló que estábamos en guerra con un enemigo poderoso, un general del ejército dijo “yo no estoy en guerra con nadie”, ésa anécdota posicionó una conducta del ejercito distinta, no deliberante. El respeto a los derechos humanos marca, está en la conciencia.

¿Cuáles fueron los  gatillarte de la explosión social?

Hay diversos planos a considerar, por ejemplo, los ciclos económicos y cambios sociales son lentos y ocurren en el inconsciente.  Ten en cuenta que el sobreendeudamiento ha llevado a que los chilenos, desde el punto de vista psicosocial estallen con mayores grados de violencia y conflictividad. Eso tú lo ves en el día a día en los establecimientos educacionales. En un alto porcentaje, la resolución no adecuada de problemas tiene su origen en patrones culturales instalados desde el hogar. Se produce la crianza con culpa, el agotamiento físico y mental por las extensas jornadas laborales de los padres y tiempos de traslado a los empleos, así como las deudas. En las calles lo observas con los grados de agresividad en la conducción, en los femicidios, en la violencia en el fútbol, entre otros. Eso es un componente, pero hay más.

Los adolescentes poseen hipersensibilidad, perciben los problemas sociales, viven en un barrio que nos le da seguridad y con padres que son fuente de inseguridades; observan los problemas de éstos, se dan cuenta de una realidad brutal. Sus abuelos viven con bajas pensiones y un mal sistema de  salud; sus padres poseen sueldos escuálidos, la incertidumbre sobre la educación superior está presente, claro que con este cuadro los jóvenes explotan rápidamente. Por eso, han sido y – fueron en el pasado – quienes iniciaron las protestas, como la evasión en el metro y aquí en Linares con las marchas auto convocadas por internet.  En Linares y en la Octava región asistí a marchas, donde pude observar que esa rabia contenida fue principalmente de jóvenes de sectores populares y de clase media y media-baja, quienes desafiando a la autoridad – en este caso a carabineros – generaron disturbios.

¿Qué pasa en el ámbito de la educación? 

Una señal súper importante en esto, se observa una grave falla de nuestro sistema educacional. Una persona que valora su patrimonio, que aprende a resolver adecuadamente los conflictos y posee una valoración por su comunidad: Protesta, se moviliza; pero no destruye, construye dialogando con argumentos, poniéndose de acuerdo y participando. Por eso considero grave con lo ocurrido; por ejemplo, con el patrimonio de ciudades como Linares. 

¿Cómo visualiza la educación?

Un desafío no abordado es la enseñanza media para los jóvenes que no ingresarán a la educación superior, así como la  oferta de educación continua que permita la renovación de conocimientos y competencias a lo largo de la vida.

Un factor crítico para las expectativas de movilidad social es el destino laboral del más de un millón de jóvenes que hoy cursan la educación superior. El volumen de estudiantes ha crecido a tasas mucho mayores que la economía chilena en los últimos diez o quince años. Los estudios dicen que  la cobertura de educación superior está próxima a tocar techo en términos de los empleos que el país puede proveer a los egresados. En todo caso aquí hay muchos temas pendientes.

¿Y la enseñanza de la historia?

La decisión ha sido poco certera, el Consejo Nacional de Educación que nace con la Ley General de Educación, posterior a la revolución de  los pingüinos del 2006, que tiene miembros dados por cuoteo político entre la derecha y la ex Nueva Mayoría, con nombramientos designados con perfil conservador, con un concepto de educación de mercado, con nula diversidad cultural, limitó la formación crítica de estudiantes, como lo fue en su momento la reducción de las horas de historia y filosofía.  Desde el 2020 las asignaturas de historia y educación física pasan a ser «opcionales». La Ministra Cubillos defendió la medida señalando que los contenidos y habilidades trabajados en tercer y cuarto medio estarían abordados desde segundo básico hasta segundo medio; ello en contra de la opinión de educadores, historiadores, estudiantes, académicos y premios nacionales. Habrá que esperar mayores y mejores presiones para modificar algo que no va acorde a las necesidades de este tiempo.

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