La educación necesita un concepto de tiempo propio de nuestra época; más flexible, con más garantías y bajo otro modelo para los estudiantes.
Veamos por qué:
Aumentar el número de horas de permanencia de los estudiantes en las escuelas y liceos del país y aumentar el número de talleres formativos fue una de las medidas más en materia educativa de la fallida JEC y planteaba entre sus objetivos mejorar la calidad de la enseñanza – aprendizaje a través de la ampliación de los horarios de clases y el mejoramiento de la infraestructura, entre otros puntos.
¿A veinte años de la implementación de la Jornada Escolar Completa, es válido preguntar: Se cumplieron esas metas?.
La propia experiencia técnica y directiva, me permiten sostener que tales metas no se han cumplido. Las razones son multifactoriales, pero esencialmente obedece a la lógica que subyace detrás de un modelo que ya no se sostiene, en especial en establecimientos municipales.
Las familias interpretan que el éxito de un establecimiento se mide según los resultados que alcance en las evaluaciones estandarizadas SIMCE, y sabemos que la calidad educativa es un concepto mucho amplio que abarca: el clima de buena convivencia, la autoestima de los estudiantes, la participación y formación ciudadana fundamental en estos días, entre otros indicadores de calidad.
Muchos colegios optaron por contratar ATES o empresas externas para que los “adiestrara” en la prueba, otros aumentaron las horas de lenguaje, matemática y así “Asegurar” el éxito en estas evaluaciones que se vinculan con beneficios perversos como el encasillamiento que efectúa la Agencia de Calidad separando a los establecimientos en tres categoría: En recuperación, emergente y autónomo.
Hoy día un niño de Enseñanza Básica permanece en la escuela 150 horas mensuales aproximadamente y en Enseñanza Media 168 horas, la jornada de 9 horas de clase diarias, es excesivo; y el sentido común, la formación pedagógica de los profesores (as) y ahora avalado por las neuro-ciencias, señalan que la atención plena de un estudiante no sobrepasa los 25 minutos en cada bloque de clase, todo indica entonces que es necesario reformular el Modelo Educativo Chileno, ahora!. Nuestro país posee un 35 por ciento más de clases que el promedio de los países de la OCDE y en los resultados se ubica en los últimos lugares.
En el actual estado de efervescencia del país, no se ha escuchado un pronunciamiento ministerial, gremial o de los propios docentes, respecto a que la educación es la llave maestra para alcanzar una sociedad más tolerante, equitativa, solidaria, y la disminución de la jornada escolar es una oportunidad para los niños y jóvenes, en especial para que los más pobres puedan aprender más y mejor, con más entusiasmo, motivación e interés, ambiente que hoy NO es sencillo generar y mantener en las salas de clases.
El Colegio de Profesores tiene hoy la oportunidad histórica de corregir una medida política errada, como es la Jornada Escolar Completa, que tras 20 años de su aplicación, muestra que los resultados del país no despegan y principalmente provoca hastío, desmotivación y cansancio en los estudiantes y todos los males asociados como evasión de clases, violencia, consumo de drogas y en muchos casos abandono escolar.
Las escuelas y liceos no son las sala cuna de los estudiantes, no tienen la capacidad operativa, las personas idóneas y esencialmente no es el rol social de la escuela y tampoco de sus profesores hacerse cargo de toda la diversidad de demandas que hoy tienen los niños y jóvenes de este siglo. En el proyecto de 40 horas semanales para los trabajadores chilenos, se alberga una esperanza para cambiar este escenario. No más JEC!.

Isabel Rodriguez Pincheira: Directora Liceo Valentín Letelier


