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Qué viva la división: ¡Es tiempo de separar las aguas!, por Eric Palma

Numerosos columnistas y analistas intentan por estos días instalar la idea de la necesidad de la unidad de la oposición para enfrentar las elecciones a la Convención Constituyente.

Algunos, los más audaces, incluso se atreven a criticar abiertamente a los independientes por no sumarse a la demanda partidista. Todos ellos pretenden destruir el capital político de la independencia en favor de los partidos. Ante tales corifeos hay que gritar a viva voz ¡viva la división, es tiempo de separar aguas!

Todos los llamados a la unidad parten de la necesidad de tener votos suficientes para enfrentar el mecanismo de los 2/3. Si la oposición va dividida, dicen, favorecerá a la derecha. Curioso argumento. Se supone que el mecanismo favorece al país, al menos eso nos dijeron cuando los partidos de oposición lo aprobaron y salieron a defenderlo con
dientes y uñas ¿Por qué ya no favorece al país? ¿Sólo la derecha puede verse beneficiada con el tercio? ¿Por qué si la oposición llega a controlar sólo 1/3, que sería el efecto esperado de la división, no puede usar ese tercio para enfrentar el cómo llenar la famosa hoja en blanco? ¿Mintieron al defender la aprobación del tristemente célebre Pacto por la Paz y la Nueva Constitución, o mienten ahora? ¡que penoso el nivel de desconfianza en que nos tiene instalados la política partidista!

La unidad no será posible mientras no se supere este nivel de suspicacia. Para ello se requiere de una renovación profunda de los liderazgos partidarios. La crisis y la coyuntura constituyente es una gran oportunidad para ello. No habrá unidad si ella es demandada por los líderes de siempre. Ellos son los responsables de la insignificante adhesión que tiene el sistema de partidos en el seno de la sociedad ¿Por qué sería valioso o de interés tender
lazos para construir una unidad con quienes son responsables de la crisis de la política partidista? ¿Por qué sería un acto de responsabilidad proporcionar oxígeno a unas cúpulas ajenas a las demandas del movimiento social? La unidad no es posible porque no existe piso para darle veracidad al cumplimiento de los acuerdos que se adopten. Las dirigencias no dan garantías al pueblo de Chile: ojalá las bases entiendan la urgente necesidad del
cambio de sus líderes.

Chile necesita un sano y robusto sistema de partidos políticos

Se invoca también la unión de la derecha para justificar la de la oposición. Parece que la unidad es la medida del éxito y no la credibilidad y propuesta constitucional del bloque que la alcanza. ¿De verdad la oposición cree que la derecha no será castigada en estas elecciones, qué mantendrá su tradicional rendimiento electoral? Al parecer el escenario imaginado como base de la propuesta de unidad es una contienda entre los actores de siempre. Si son los mismos de siempre y los votantes de siempre, la irrupción en el escenario de un tercer actor arruina una práctica política que ha asumido de manera desvergonzada como un mero dato de la causa su falta de legitimidad en el seno del pueblo

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